mardi 8 septembre 2015

Carta a un viejo compañero anarcoindividualista del 15-M





a todos esos que han instrumentalizado en su provecho
 y han traicionado el espíritu de liberación y autonomía del individuo
que un día fue la consigna viva de las plazas,
y que hoy ya sólo languidece como otro graffiti sucio e inerte






No te faltaba razón compañero, lo viste venir bien mientras aún deambulábamos dubitativos por las plazas revolucionarias. Dijiste, todo esto que vemos ahora no es en verdad más que un espejismo de revolución, dentro de no mucho tiempo no quedará más que el sabor agridulce de lo que pensábamos que era, y que no era una vez más, víctimas siempre de la esperanza remanente de que algún día nos sorprenderá el gran cambio, la gran revolución libertaria del individuo. Pero tú lo viste claro, lo viste claro enseguida, decías, fíjate, allí tienes al grupo de los pensionistas enfurecidos porque a los pobrecillos les estafaron los bancos los pocos ahorros que tenían en las preferentes (ese timo de la estampita moderno diseñado por sinvergüenzas para timar a ingenuos, ignorantes, incautos y codiciosos). Esos pobres ancianos que engrosan por otro lado el número del grupo de los “revolucionarios del bolsillo”, todo esos que en cuanto le solucionen su papeleta y arreglen su bolsillo serán los primeros en levantar el campamento de la plaza y también en las intenciones de voto de las encuestas electorales, porque nunca han estado en contra del sistema, siempre han sido buenos contribuyentes del sistema y de su lógica de acontecimientos, lo que pasa es que el sistema desalmado les dejó tirados a los pobrecillos. Pero su posición revolucionaria no era un divorcio real, era sólo un calentón, una estrategia de negociación, un par de noches en el sofá antes de volver al lecho caliente del sistema a renovar la pasión capitalista y la experimentación del "goce" y la "falta-de-goce" lacaniana en su dialéctica materialista de poseedores-poseídos, meros ceses temporales de la convivencia. Y por allí andan a lo suyo los anarcocolectivistas y todos los variopintos subproductos de las ruinas del marxismo comiendo la oreja de los que ya han perdido la fe en todo, intentando venderles el tren y la fe del colectivismo, buscando seguramente voluntarios para ensayar alguna comuna en alguno de los muchos edificios desocupados por la crisis, para después venir a darnos la correspondiente charla teórico-práctica sobre las virtudes y potencias superiores del colectivismo y la motricidad socialista, tomando como rehenes-cobayas a aquellos que han perdido toda capacidad de decisión, ni tienen más conciencia política comunista o libertaria que la de alimentar sus estómagos vacíos, y a quienes sin duda Makhno suena a marca de ciclomotor o a dios aborigen australiano. Y allá, entre los árboles, escucha, el jolgorio de las amas de casa y las porteras que por primera vez han cortado y pintado una pancarta, esas amas de casa que sobreviven con la pensión de la madre, representando a esas familias que no es que no lleguen a fin de mes, es que ni tan siquiera dan inicio al mes. Esa presencia que representa a una parte del numeroso grupo de la oclos enardecida, el hombre gregario y dependiente que va bailando en la Historia entre oclócratas y oligarcas según convenga a su esfera personal, sujeto reactivo ajeno a todo debate intelectual, a toda profundización ideológica, partidario del cortoplacismo y el pragmatismo de ocasión, cómodos defensores del parche y la tirita antes de la higiénica amputación estructural, no les hables de empoderamiento y autonomía del individuo, de sustitución del paradigma delegatorio del sufragio cuatrienal por el paradigma antidelegatorio del ciudadano-político, de la sustitución del paradigma de competencia capitalista por el paradigma de cooperación mutualista porque creerán que les hablas en un idioma extranjero, y por supuesto no esperes de ellos más réplica que reclamaciones de guillotinas y de qué van a comer al día siguiente y a dónde se van a ir de vacaciones el próximo agosto, obstáculos también de una verdadera revolución libertaria del individuo, simples demandantes de supervivencias no de vivencias, expoleados y animados únicamente por el odio de clase y el resentimiento hacia el enemigo en la lógica reactiva y la incapacidad de creación personal del hombre débil nietzscheano, deseosos de matar al amo pero al mismo tiempo entregándose con sumisión a la nueva doctrina del nuevo amo opositor al trono político, incapaces de superar la dialéctica encadenante de toda moral amo-esclavo, esclavos de su dependencia gregaria, de su nula capacidad de autoproducción y autonomía individual, cómodo estratega de los réditos parasitarios y simbióticos obtenidos de la esclavitud voluntaria hobbesiana al amo de turno, intercambiando sin dudar como en los días más feroces del feudalismo su libertad individual por su subsistencia personal, la supremacía de la supervivencia frente a la plena experimentación vitalista del “ser”. Y allí en aquel lado de la plaza tienes a los apesadumbrados obreros que en el pasado eran el orgulloso y valiente proletariado revolucionario de Gramsci y que el discurrir histórico del capitalismo ha reetiquetado como depresivo y errático lumpenproletariado, esa variable expulsada del sistema de producción tardocapitalista, el obrero prescindible que ya no trabajará con regularidad porque las fábricas se robotizan y ya ni van quedando minas de Tracia donde prestar como esclavos la fuerza física bruta. Ahí les tienes enseñando los dientes, mascullando al mismo ritmo que su tabaco de mascar toda la rabia acumulada, apreciándose aún los restos del eco de su grito sordo el día que descubrieron la ausencia de puerta de escape en el fondo del peor nihilismo, sabedores de su reconversión en ese nuevo sujeto revolucionario que identificaba Marcuse como sustituto revolucionario del viejo proletariado industrial marxista disuelto por su parte en la aletargada clase media anestesiada en la sociedad consumista y el tecnoconfort contemporáneo. El depresivo lumpenproletariado marcusiano intentando estar a la altura revolucionaria, cumplir las expectativas depositadas, aunque en el fondo conocedores igualmente que el marxismo es un luto ideológico, que ya no existe ningún sujeto revolucionario libertador en la era de la disolución metafísica del sujeto y la identidad múltiple postmoderna, que su razón de ser es convertirse en esa fuerza de choque instrumentalizada por la burguesía liberal para ejercer presión y desmovilizar al proletariado y la lógica revolucionaria sindical, como un ejército en la reserva de mano de obra barata siempre dispuesto con la cabeza gacha y el culo bien dilatado para optar a superar su desclasamiento en cualquier nueva resituación social que permita superar el vale de comida de la cruz roja y el paquetito de Cáritas, y que alguna vez permita incluso un fin de semana alquilarse alguna mísera habitación en algún hotelito de dos estrechas sin aire acondicionado ni agua caliente, pero desde donde mirar desde la terraza las vistas a la sierra nevada autoengañándose un poco diciéndose que algún día disfrutarán ellos también de un apartamento en la sierra, autoengañándose con esas sonrisas de cartón piedra y ese virtuosismo de los que están acostumbrados a veces en la vida a darse oxigeno para seguir adelante a través del autoengaño, como es costumbre en todos esos que viven arrinconados en una esquina de la Historia sobreviviendo únicamente en la rabiosa esperanza que algún día sucederá el gran cambio que les hará libres, y mientras ese día no llega ir fiándolo todo a la providencia o a un billete de lotería comprado en el último instante para ver si el azar resuelve el desorden, y entretanto ir haciendo alguna chapuza en negro para ir tirando a la espera de cualquier esporádico contrato temporal para hacer de currito en lo que se presente y ordene la agencia de empleo, y no olvidarse de la velita a San Lázaro y a San Atonio de Padua e ir rezando también de vez en cuando para que la pensión que quede sea suficiente al menos para las medicinas, las cañitas y el tabaco en el bar de la esquina, hasta que el colesterol, o la diabetes o un puto cáncer de pulmón abran finalmente el ataúd y manden a otro desgraciado a criar malvas. Y luego ahí tienes a los Cohn-Bendit, los nuestros, los jóvenes con talento, con capacidad individual, con capacidad de organización y cooperación, fíjate lo que han sido capaces de organizar en pocos días, los jóvenes titanes en edad de probar su heroísmo social y su naturaleza ácrata, los jóvenes contemporáneos empujados por la era tecnológica a una esperanzadora deriva anarcoindividualista, aunque muchos de ellos como decía Armand se ignoren a sí mimos como anarcoindividualistas. Algunos de ellos sin duda como el propio Cohn-Bendit serán seducidos por las eudemonías del sistema, por sus regalías, por sus sinecuras, algunos aceptarán algunas de esas tentaciones de San Antonio excusando el viraje y la súbita traición a los principios en la defensa de una estrategia de largo recorrido, en el discurso de la quinta columna y la voladura desde dentro, y nosotros pondremos nuestra mejor cara y seremos comprensivos. Y después de entre todos esos Cohn-Bendits quedarán sólo un grupo de irreductibles a todo canto de sirena, a toda tentación de ser reducido a través del talón de Aquiles humano del ego y la vanidad, esos que como nosotros siempre acabarán regresando una y otra vez a los entresijos de estas plazas revolucionarias demasiado resabiados, incapaces de mirarlo todo sin esbozar una cierta sonrisa como una película clásica que ya te sabes de memoria, sólo esperando con atención a la posibilidad de la disrupción salvadora del salto cuántico, del canto del cisne negro talebiano, la mecha que prenda distinta y materialice por fin el gran cambio. Pero no sucederá esta vez, dentro de no mucho tiempo aparecerán personalidades políticas oportunistas que dominen bien las magnitudes y los secretos de la “infiltración política”, alguien de algún partido anticapitalista sin demasiado aforo soltando el anzuelo entre la masa revolucionada, o tal vez la aparición académica de un grupo de profesores universitarios progresistas tomando las calles como directores de orquesta como en el caso del mayo del 68 francés, sustituyendo la Sorbona por la Autónoma de Barcelona o la Complutense de Madrid. El músculo académico ordenando el discurso y la estrategia, dando empaque y rigor academicista a la compleja marabunta revolucionaria, aunque en un primer instante camuflándose por exceso como el primer defensor y valedor del discurso y las consignas identificativas del movimiento, convertirse en el primer abogado de la defensa de la autonomía del individuo y la superación de la vieja y corrompible política parlamentaria partidista, antes de empezar a manipularlo todo según sus propias consignas y estrategias personales, el “toque Nanterre” o el “toque Sorbona”, aunque de primeras no, primero sumarse como uno más, amenazar incluso con un proceso constituyente político para dejar claro el ímpetu revolucionario, dejar bien claro que van a venir dobladas y que el cielo se toma siempre por asalto, darle ambientillo de sarao belicista para mantener excitados a los del cóctel molotov, amenazar incluso a la patronal con nacionalizarlo todo para acojonar a las élites capitalistas y darle sello de oficialidad a la revolución antisistema, aunque luego en privado se empiecen a tejer con discreción futuras alianzas para ir adelantando faena, el sondeo de pactos de no agresión mutua para que no pase otra vez lo de la violenta genuflexión pública de Tsipras en Bruselas, acabar reeditando al milímetro aquel chiste del paciente y el dentista de no hacerse mucho daño apretándose mutuamente los cojones, “¿verdad que no nos vamos hacer daño doctor?”, verdad, verdad, aunque disimular siempre de puertas para afuera para evitar la desmovilización, mantener las inflexiones teóricas del primer discurso, apropiarse con cuidado de las consignas y la simbología de las plazas, tratar de retrasar lo máximo posible las inevitables disidencias de esos incorruptibles que no están nunca dispuestos a aceptar gato por liebre, y mientras tanto desde la cúpula infiltrada ir como el cuco poniendo los huevos propios y desalojando los ajenos, dejando pasar con paciencia el tiempo, aguardando que la masa revolucionaria sin más expectativa que el cambio a cualquier precio dé suficiente consistencia y número a la nueva forma revolucionaria, e insistir siempre como un mantra que nada ha cambiado en el espíritu de aquellas bulliciosas plazas, que nada ha sido cambiado en el espíritu revolucionario del 15-M con esa ética flexible que todo profesorado de ciencias políticas está acostumbrado a manejar en sus aulas saltando de la piel de Trotsky, a la piel de Lenin y a la piel de Bakunin según convenga a la coyuntura y a las necesidades del discurso. Y mientras, dejar que el virus de la política tradicional vaya trabajando de manera soterrada, de manera incansable, a su ritmo de parsimonioso gusano, horadando la vieja cimentación revolucionaria, gangrenando los principios puros de la revolución libertaria del individuo en una novedosa forma descamisada de realizar la política tradicional de siempre con un aire y un matiz que parezca nuevo en la manera en que semejaba nuevo el primer socialismo de Mitterrand, aunque en el fondo reproduzca la misma dinámica de escupitajo en sede parlamentaria y mamada/cunnilingus en los pasillos. Y en ese punto empezarán a llegar las sonoras disidencias y los sonoros portazos, y habrá que subir el volumen de la música para que en el guateque interior todo parezca un trueno en el exterior, venderlas como proceso de normalidad en una organización política que aúna muchas personalidades políticas vivas, convertir en virtud la disensión, seguir incluso extendiendo la mano a los disidentes para mostrar talante, y al mismo tiempo ir preparando ya los procesos de fagocitación de otras fuerzas políticas afines para aclarar el paisaje político, aprovechando esa fuerza que da tener al pueblo a favor y que siempre da derecho natural a jugar con blancas, y a la par que se va ocultando con discreción el comienzo de la estalinización orgánica, el armado burocrático de la verdad hecha a medida, el comienzo del secuestro piramidal de la organización, el proceso de estratificación que vuelva mucho más abordable y eficiente el trabajo unidireccional de los burócratas de la revolución, hacer converger con cuidado a la militancia hacia una forma de militancia que se conforme en ratificar y a participar sólo de forma tangencial en la vida política del partido, desobstaculizando de este modo la acción relámpago de los “terroristas de la teoría y los funcionarios de la Verdad”. Y entonces una vez depurado a todo el sector crítico que se empeñaba en todo ese coñazo logístico de la política horizontal y participativa, se presentará ya como un mar en calma para esos "terroristas de la la teoría" el avance hacia la siguiente fase de definitiva apropiación y personalización de la revolución, una vez que esa militancia desideologizada y dócil sustanciada en la oclos enardecida y el rabioso e impotente lumpenproletariado ya se hayan solidificado en la inamovible conciencia de empresa común, de momento histórico compartido, de modélica trinchera para ajustar las viejas cuentas pendientes, aceptando con sumisión la delegación de la revolución a la cúpula directora a cambio de la promesa jurada de ver un poco de sangre salir de las rendijas de las guillotinas en las plazas y cualquier dádiva que mejore un poco sus vidas miserables. El proceso crucial de apelmazamiento de la masa canettiana en los mantras recordatorios de las sinergias y los enemigos comunes, obviando todo debate interno, los ejes ideológicos de fondo, la reducción del discurso y la fanatización progresiva de la organización mediante ese oportuno y necesario cuerpo de servil funcionariado deseoso de probar su compromiso y su lealtad a la cúpula para medrar en el futuro en la jerarquía de la organización, tal como en la transición política española la organización del PSOE se llenó de oportunistas y arribistas en todos los pueblos de España sin haber leído ni una sola línea de El Capital. Un proceso de infiltración que reclama en general el concurso de mentes equilibradas, de estrategas indolentes a toda crítica, de aquellos marineros que pueden resistir con pulso firme un rumbo tortuoso desde los primeros instantes de la infiltración, sorteando todo tipo de tempestades, gente acostumbrada por ejemplo a batirse con gallardía en los lodazales de las tertulias de extrema derecha, ese tipo de gente que no pestañearía ante el ataque de ningún oso porque llevan otro oso dentro. Un proceso político de infiltración que demanda en paralelo como condición sine qua non a un líder del mismo orden, alguien que despierte como virtud imprescindible una fluida empatía en gran parte del conjunto de la militancia, empezando así a sentar las bases sólidas para una estable relación sectaria “líder-grupo”, porque la figura de ese líder en ese momento pasa a sustentar todo el destino de la revolución, se convierte en el centro de gravedad, en el vórtice de todas las miradas, sus errores son los errores de todo un grupo, sus debilidades son las debilidades de toda una simbología encarnada en su existencia personal. Ese punto es el comienzo simbólico del fin de todas las revoluciones de masas, puesto que las debilidades del líder son inevitables, sabedor él mismo desde ese preciso momento que la estatua de la revolución llevará su nombre, que los niños memorizarán su nombre en las escuelas por los siglos de los siglos, que será glorificado en himnos revolucionarios y ofrendas florales en días señalados. Los días felices de la revolución son también peligrosamente los días felices del líder, el peligro de vivir con la erección diaria de saber que se están grabando al mismo tiempo en letras de oro tu nombre en los libros de Historia, que tu entrada en wikipedia ya es más extensa que la de Rosa Luxemburgo. Las inevitables tentaciones existenciales de elegir algún día incluso entre su séquito a una seductora consorte rubia de ese típico perfil ambicioso y sin demasiados escrúpulos éticos para compartir a lo Bonnie and Clyde el juego gangsteril de la batalla política, el juego también de la poderosa metáfora visual peronista, aunque al final la rubia a lo mejor te salga rana porque quiere jugar en solitario a Evita antes de que Perón la palme, y por ahí entonces ya hay que reconsiderarlo todo porque eso ya desborda los planes y hasta el mínimo buen gusto. Las tentaciones comprensibles también de salir alguna tarde de tedio y moral baja a ser ovacionado en las calles, esperando al igual que un día Napoléon corriendo a caballo por las calles de Jena, que en alguna esquina algún Hegel nos señale con el dedo identificándonos también con gloria y honor como el “Espíritu del Mundo” derrocador de la tradición y quien en porte extraordinario “a lomos de su cabalgadura, extiende su brazo sobre el orbe y lo domina”. La tentación inevitable de sentirse hermanado en la Historia de la vieja Roma con aquellos emperadores que desde el trono imperial contemplaron el mundo y al pueblo a sus pies, retozando felices bajo el implacable destino de su dedo pulgar con sus bacanales periódicas y su pan y su circo garantizado, entretanto él disfrutaba de la bacanal apolínea de los semidioses que tienen un sitio prometido en el Olimpo el día de su muerte terrenal, el placer incomprensible para el vulgo de sentirse eterno. Y así correrán los días de la Revolución en medio de triunfos y derrotas, pero no importa, porque para aquellos que un día salieron de sus aulas a dirigir la revolución, la experiencia es incomparable, ya que han pasado de explicar a Marx en frías aulas universitarias a alumnos imberbes a sentirse Marx en las calles cálidas de la revolución popular. Hasta que un día cualquiera, el mismo viejecito al que una mañana engañaron en una oficina de un banco estafándole sus pocos ahorros empieza a sentir el mismo principio de náusea de indignación que tenía ya casi olvidada, echando cuentas de la situación, intuyendo que ha cambiado a un amo por otro amo, que ha cambiado un látigo por otro látigo, hasta que acaba por salir airado de la caverna y comprende toda la cruda realidad con la misma indignación que un día había sentido al sentirse manipulado en su buena fe, y de pronto un mediodía abre los telediarios de todo el país con una pancarta de indignación cagándose en todo y en todos sentado en el centro de una plaza cualquiera, y como un virus imparable se empieza a contagiar la noticia a todo el conjunto de la sociedad reactiva, y enseguida las plazas de todo el país se vuelven a llenar de indignación e indignados de todo pelaje, y nosotros entonces volveremos a estar aquí, volveremos a estar parados en este mismo punto de la plaza, contemplándolo todo y a todos riéndonos a mandíbula batiente mientras los demás nos mirarán desconcertados y con su cara indignada, preguntándose de qué coño se ríen esos dos hijos de puta.




Biel Rothaar

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Dudas y Cuestiones (73)








A todas las Martas Suárez, 
porque con su fanático ejemplo hacen mucho más de lo que cualquiera pudiera hacer
 para desvelar la naturaleza de la farsa y la impostura podemita oficial







En días recientes después de publicar mis Dudas y Cuestiones (49)
en el grupo de Facebook afín a Podemos “Democracia Real”,
la simpatizante Marta Suárez me "invita" a no ejercer la crítica porque supuestamente no es "momento":
(“No son tiempos de criticas. Son tiempos de construir y estar unidos.”),
y me invita-amenaza a no publicar más "Dudas y Cuestiones" de tono crítico en grupos afines de Podemos:
 (“Deberías pensarte en publicar ciertos post en grupos afines a Podemos.”).
Posteriormente ante mi protesta por el tono de amenaza y censura política,
 por parte de la administración del grupo sin mediar ninguna explicación
son eliminadas todas mis publicaciones [las Dudas y Cuestiones (49) y las Dudas y Cuestiones (68)]
y se me expulsa de este grupo de Facebook que lleva ese paradójico nombre de "Democracia Real".


Estos casos de censura y expulsión no son aislados
 y se suceden en diversos grupos de facebook y telegram pro-Podemos,
como síntoma de la creciente fanatización y anulación de todo debate crítico dentro de las filas de Podemos, como síntoma de la apropiación exclusiva y definitiva del "partido del 15-M"
por parte de aquellos que ocuparon las plazas
alentados sólo por el odio de clase y el discurso de extrema izquierda filocomunista,
anulando finalmente los principales ejes del verdadero espíritu del 15-M :
de empoderamiento de la ciudadanía y la conquista de la autonomía política individual,
y como superación del viejo paradigma delegatorio del "sufragio cuatrienal"
por el nuevo paradigma antidelegatorio y de democracia participativa del "ciudadano-político".


De forma lamentable parece que se engrandecen todavía más aquellas declaraciones de Joaquín Urías, profesor de Derecho Constitucional en la universidad de Sevilla, letrado del tribunal constitucional y activista del Foro Social de Sevilla: "Ya nadie se llama a engaño. Podemos es un partido centralista y vertical, dirigido con mano férrea por un grupo de amigos que han ido desactivando sistemáticamente cualquier intento de las bases de construir un movimiento político participativo y horizontal. Siempre ha sido así, pero ahora lo empieza a saber la opinión pública. Y eso va a tener un coste electoral".
A estas declaraciones pareciera que hubiera que añadir que a la postura hermética y el blindaje anti-bases
de la cúpula política de Podemos se ha agregado también el concurso voluntario o dirigido
de un grupo de censores y elementos fanáticos dispuestos a destruir todo clima de debate abierto y crítico:
la bunkerización del discurso.









¿Se trabaja estos días desde la dirección de Podemos
y los grupos de trabajo del CJE,
en el cierre de filas del argumentario político y la divergencia interna,
en el influjo y la vigilancia decidida sobre la conformación de opinión
en todas las redes y medios sociales,
aplicando acosos y censuras políticas
ante cualquier corriente crítica que pueda afectar a la movilización de ese electorado podemita
que aún cree de forma ingenua que Podemos es garante y continuación del espíritu del 15-M,
usando a su favor a toda esa masa de militantes intolerantes y fanatizados
para seguir haciendo creer a la masa de simpatizantes de las ideas del 15-M
de que en realidad Podemos sí es su única traducción política
y no otro partido anticapitalista y comunista más de estructura centralizada y vertical,
moviéndose como única novedad en la ambivalente y pragmática estrategia discursiva
 de los populismos latinoamericanos,
tratando de pescar el mayor electorado posible entre la oclos sublevada y el lumpenproletariado reactivo
machacados por la política neoliberal de la burguesía,
operando así en esa misma dinámica de acción política practicada en Venezuela y Bolivia,
beneficiándose de los mismos marginados y excluidos
tras décadas de opresión de la burguesía liberal venezolana y boliviana?





¿El único programa político de Podemos
se sustenta justamente en el odio de clase burgués y anticapitalista
lucrándose políticamente del inagotable combustible revolucionario en sentido marcusiano
provisto por la indignación de la oclos y el creciente lumpenproletariado expulsado por su prescindibilidad
del actual tardocapitalismo postindustrial, neoliberalizado y ultratecnificado?





¿Como dice un buen amigo firme creyente también que la única revolución posible
 es la revolución anarcoindividualista de empoderamiento y autotransformación en la esfera del individuo, comenzamos a apreciar el verdadero rostro del caballo de Troya pseudorevolucionario
en las filas de Podemos-15M
entre aquellos que enfática y supuestamente defendían una “democracia real”
y que sólo defienden en el fondo su “democracia”,
y cuyos techos de libertad individual son tan bajos y asfixiantes
como las tiranías que pretenden denunciar y derribar?




¿Habrá que recordar de nuevo que el modelo estalinista
no era revolución social sino una forma más de fascismo popular?






chusma

(Del genovés ant. ciüsma, y este del gr. κέλευσμα, 
canto acompasado del remero jefe para dirigir el movimiento de los remos).
1. f. Conjunto de gente soez.
2. f. Muchedumbre de gente vulgar.
3. f. Conjunto de los galeotes que servían en las galeras reales.
4. f. Am. Conjunto de indios que, viviendo en comunidad, no eran guerreros, 
o sea mujeres, niños y viejos considerados en conjunto.
5. f. despect. Arg. Persona chismosa y entrometida.
6. f. despect. coloq. Cuba. Persona de modales groseros y comportamiento vulgar.



fanático, ca.

(Del lat. fanatĭcus).
1. adj. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, 
sobre todo religiosas o políticas. U. t. c. s.
2. adj. Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo. Fanático por la música.







¿Qué diferencia de grado hay entre la chusma de fanáticos de la extrema derecha neoliberal española
y la chusma de fanáticos de la extrema izquierda filocomunista visibles en Podemos?



¿Las diferentes "divisas de verdad" política de unos,
y los diferentes sectores de población
a las que se dirigen sus "políticas clientelares" para sostenerse u optar al poder?



 ¿Toda la deriva política de la expresión de indignación del Movimiento 15-M
frente a la corrupta política tradicional y la impotencia de autorepresentación política del individuo
se ha acabado reduciendo a una mera contienda de fanáticos de extrema izquierda filocomunista
 combatiendo a fanáticos de extrema derecha neoliberal,
apoyados en masa por el odio de clase de la oclos enardecida y el lumpenproletariado excluido?




 ¿Estamos ante el decepcionante cumplimiento de la máxima de que toda revolución
no es más que la sustitución de un poder subyugante por otro poder subyugante
con otras “divisas de verdad” y otra “clientela”?



¿De nuevo el guerracivilismo como estructurador de la identidad individual de este país
y como clima de excepcionalidad social suspendiendo hasta nuevo aviso todo "espíritu racional y crítico":
otra vez en exclusiva tiempos de trincheras y estandartes?




¿A alguien en la cúpula política de Podemos le preocupa que Pablo Iglesias
haya sido elegido en primarias como candidato a la presidencia con un ridículo 16% de los votos?




¿Cómo es posible que Podemos,
el partido que aglutina supuestamente todo el espíritu de compromiso político
y de participación individual del 15-M,
 haya derivado finalmente en un bochornoso espectáculo de participación en sus primarias
eligiendo al candidato a las elecciones generales con un vergonzoso 16%?




¿Una vez derrotado y desmovilizado el sector crítico de Podemos
que representaba el verdadero espíritu del 15-M de política horizontal y participativa,
la dinámica interna del partido ha quedado en manos de su militancia más reactiva y fanatizada,
ajena a todo debate intelectual e ideológico,
únicamente demandantes de cabezas enemigas en bandejas de plata?




¿Resulta ésta una prueba convincente más
de que la mayoría de la masa de simpatizantes de Podemos (el alto porcentaje que no participó)
no tienen ningún interés ideológico en quien se presente ni con qué programa político,
expoleados sólo por su odio de clase burgués y su resentimiento político
reclamando como única voz política "guillotinas y al paredón",
 o sea,
un esquema de potencial oclocracia social
gestada entre la simbiosis de unos avispados oclócratas y una oclos revolucionada?





¿Acabaremos descubriendo alguna vez que el verdadero experimento intelectual
del reducido grupo de profesores de ciencias políticas de la Complutense,
 jugando en excedencia temporal a ser revolucionarios a tiempo completo,
no era la escritura de una docta tesis política del tipo
"De cómo probamos empíricamente que el gregario hombre común sigue siendo maleable 
a los cantos de sirena revolucionarios bajo un discurso pseudomarxista 
en los tiempos del actual tardocapitalismo postindustrial",
sino un trabajo más complejo en la línea del pensamiento revolucionario de Marcuse,
titulado:
"Lumpenproletariado y oclocracia: 
redibujando las fronteras revolucionarias entre marxismo y populismo"?





¿O,
es que quizá el grupo de profesores de la Complutense,
directores de la orquesta podemita,
lejos de sofisticados experimentos intelectuales,
son clara y llanamente un grupo de convencidos oclócratas
atraídos por la metodología de la oclocracia
como vía revolucionaria,
mediante la gestión política de la oclos y de todo el espectro reactivo de la sociedad,
para dar cumplimiento y satisfacción
a sus aversiones anticapitalistas filomarxistas y su odio de clase burgués?





¿La dura lección sociopolítica que habrá que sacar en algún momento en el futuro
analizando la evolución política del 15-M,
es que tal vez nunca habrá posibilidad real de construcción de un mayoritario "demos",
porque tal como en la imposibilidad de fundar una sociedad anarcoindividualista
interviene la realidad limitante de que no hay suficiente masa crítica de verdaderos anarcoindividualistas,
en la imposibilidad de institución de un verdadero "demos" interviene también la realidad condicionante
de que no hay suficientes demócratas comprometidos en su autorepresentación y convivencia política,
dominando siempre al igual que en las elecciones de presidentes de las comunidades de vecinos
(arquetipos de democracias a pequeña escala),
la acción delegatoria en cualquiera antes que asumir el control ejecutivo de la situación:
la hegemonía de la naturaleza humana gregaria y dependiente,
los réditos biológicos en clave sociopolítica de la simbiosis asimétrica y el parasitismo?




 ¿La esperanzadora dinámica revolucionaria asamblearia y de empoderamiento del individuo
 como superación de la vieja política tradicional,
 acabará declinando de modo lastimoso hasta trasformarse en poco más que en el instrumento
 para resucitar y recrear de nuevo —vía contienda electoral— el guerracivilismo:
esa potencia constitutiva por dicotomización de la identidad de la nación española?




Cuando vuelvan a llenarse las plazas con el viejo espíritu del 15-M
de empoderamiento y autonomía del individuo
y de superación de la vieja política partidista de líderes y masas acríticas,
que alguien lo tweete,
gracias.




© 2015 Biel Rothaar







Dudas y Cuestiones (72)








Leemos en The End of Organised Capitalism de Scott Lash y John Urry:
Marx y Engels en el Manifiesto son también analistas de la “modernidad” y ven, en efecto, 
a la burguesía como una clase profundamente revolucionaria, poniendo en marcha una cadena extraordinaria de acontecimientos, desarrollando las más formidables y sofisticadas fuerzas de producción que en todos los siglos precedentes. Las vidas de las personas son así controladas por una clase burguesa revolucionaria —por una clase con un interés particular en cambio, crisis y caos—. El ciudadano en esta era moderna debe aprender a no sentir más nostalgia por las “relaciones fijas y congeladas” del pasado real o idealizado, sino a deleitarse con la movilidad, a prosperar en la renovación, a ansiar futuros desarrollos en sus condiciones de vida. Como un mundo de cambio, es un mundo que gira salvajemente fuera de control, amenazante y destructivo. 
La burguesía se mueve así dentro de una órbita profundamente trágica.







¿La clase burguesa
pudiendo ser descrita en su discurrir y producción de relato histórico
como una forma de anarcofascismo
marcada por el signo de una constante creatividad destructiva,
 generadora de un fenotipo socioambiental de invariable estado de cambio, disruptividad y caos?



¿En este sentido,
 podría ser entendida de forma paradójica la burguesía
como una clase social precursora y aliada en el potencial advenimiento
de venideros marcos sociales de anarquía y caos
donde pudiesen aparecer como acontecimiento evolutivo natural
 formas sociopolíticas de anarcoindividualismo libertario autoorganizante y autónomo?



¿La burguesía
operando paradójicamente en el tiempo a modo de introductor paradigmático
 de las potencias creativas y dinámicas del anarquismo,
como un vehículo histórico posibilitador del tránsito del arquetipo de la unidireccionalidad totalitaria
 al arquetipo de la multidireccionalidad multivectorial, compleja, dinámica, plural, disruptiva
y positivamente caótica propia del ideario anarquista?



¿En esta inflexión anarca
que subsiste de fondo en el espíritu burgués,
el siguiente paso deseable sería la potenciación ideológica
de todas las facciones internas del neoliberalismo filofascista burgués
a través de sus componentes ultraliberales hacia la forma filoanarca y libertaria del anarcocapitalismo,
como demoledor absoluto del Estado
o
 como reductor del Estado a su mínima expresión orgánica en el sentido expuesto por Nozick?




¿En una sociedad anarcocapitalista
se podría dar la coexistencia a modo de “sociedad paralela”
o de “sociedad infiltrada” del anarquismo mutualista proudhoniano cooperativista y pro-mercado,
siempre y cuando éste encuentre espacios de cooperación e interconexión simbiótica
con los flujos del capital,
del mismo modo que las modernas formas de economía colaborativa
son permitidas dentro del sistema por su funcionalidad operativa
en la producción de nuevos modelos de transmisión e intercambio de capital y trabajo?




¿El carácter cambiante, dinámico y disruptivo de la sociedad burguesa
como extraño cómplice y potencial desencadenante histórico del anarquismo?



¿La tragedia final de la burguesía será que su espíritu totalitario
perezca disuelto en el estallido autoinducido
de libertarismo ácrata y de caótica multiplicidad creativa individual
de un alba anarquista?




© 2015 Biel Rothaar




Microcuento nº 13 (El anti-voyeur)











                                                            Siendo ya adolescente, 
se dio cuenta que poseía 
                                   una
                                         diferencia,
                                                         notando
                                                   cierto
                                                día,
                                           el
                             malestar
                                          que
                                                le
                                                   causaba
                                                                la visión de aquel edificio de oficinas vidriadas,
                                                                                                                                       que
                                                                                                                                              permitía
                                                                                                                                 estudiar
                                                                                                                                        a
                                                                                                                                       los
                                                                                                                                      que
                                                                                                                                   trabajaban
                                                                                                                                        en
                                                                                                                                        su
                                                                                                                                     interior,
                                                                                                                                      como
                                                                                                                                         en
                                                                                                                                         un
                                                                                                                                      puesto
                                                                                                                                         de
                                                                                                                                    observación
                                                                                                                                      zoológico.








No sería no obstante hasta su primer
                                       año universitario,
                                                 que


recibiría
su primer diagnóstico
como














         anti-voyeur.

























Aquella fobia social que había
teorizado


el doctor Andersen
                             como un desarreglo específico








del sistema tardocapitalista de consumo 






en el que el sujeto





en algunos casos




(y con un índice bajo de prevalencia),








desarrolla una aversión psicosomática











a ser reducido 
                     









a una variable de producción y consumo visual. 
























La teoría indicaba que esta aversión 
se arti
              culaba
 so
bre
 un 
re
chazo a ser atomizado
 en una secuencia de operadores de intercambio y consumo de información, 
sin
 auto
nomía
del
sistema,






meras operaciones mercantiles 
                                              de transformación de información personal
                                                                                                      en 
                                                                                                    nuevos
                                                                                                     valores
                                                                                                         de consumo, para nuevas oportunidades de 
nichos
económicos
de 
explotación
del 
capital,
devolviendo 
cambio
una
nueva
escala
de 
valoración 
personal,
través
de 
valores 
de 
estatus
personal
siguiendo
la
lógica
del
I LIKE
y
los
contadores
virtuales
de
reputaciónes
personales.
























Los primeros tratamientos psiquiátricos llevados a
cabo,
contra los
anti-voyeur
fueron
practicados
por
la Escuela de Zurich,
con
cierto
escándalo
ético
por su metodología invasiva sobre el
individuo.







A ellos
se 
deben los primeros desarrollos

teóricos
            que 
              diag
                    nos
                  ti
              ca
         ban
               los potenciales







peligros





que
entrañaba
para
el 
sistema,
ese tipo de sujeto reacio a prestarse a la economía del espectáculo de la transparencia postmoderna.


















Ese
sujeto
que 
opta 
por
 desaparecer,
por
ocultarse,
como
la 
única
significación
posible,
como
lo 
realmente
trascendente,
desaparecer
en
la 
intrascendencia
del
vacío
digital,
dejando
sólo
como 
huella
el 
imborrable
rastro
de 
nuestra







































respiración.




































La 
     conquista,
                    sin
                 embargo,
                   nunca
                      es
                 completa, él lo sabía bien. 

















Cada cierto tiempo,

el sistema imponía la reevaluación personal
                                                                de todos aquellos afectados por el
                                                                                                                     anti-voyeurismo,
(empezaron 
incluso a existir rumores 
y acusaciones de desapariciones,
pero los rumores se iban
como aparecían,
con un clic),
y
el
protocolo
siguió
vigente,
como autorizado trabajo de investigación
                                                                                      para averiguar las 
                                                                            causas
                                                              de aquella
                                            aberración
                                       de
                                           la
                                               normalidad
                                           contemporánea
                                                    del
                                                 sujeto
                                                líquido
                                                    y
                                              transparente.


























Cada cierto tiempo, 
la misma notificación certificada de la administración, 
la misma
re
p
u
l
sión,
el
   mismo
             re
                co
                    rri
                        do,
el 
mis
mo
e
di
fi
cio,   el    mis   mo    pro   to    co   lo,    el     mis    mo    ha    bi    tá     cu    lo,    
                                                                                                                         la
                                                                                                                         mis
                                                                                                                         ma
                                                                                                                              frialdad escénica,
los mismo electrodos,
los mismos espejos,
tras
los
que
intuir
su
analítica
presencia,
la
misma
inconfundible
sensación,
el
mismo
deseo
de
desaparecer,
de
ocultarse,
de
anular
la

























respiración,































de fundirse en el vacío, 
                                   el
                                mismo
                           inconfundible
                                deseo
                                   de
                              rechazar
                               aquella
                            subsistencia,  ese deseo traducido finalmente en un gráfico y un valor científico,
reducido a la potencia
concluyente
de
un
número,
una
cifra
que
no

p
a
r
a
b
a

de

















crecer desde hacía años,
como una cuenta atrás
que
anunciase
una
explosión
una

















































implosión.

                   
                                                                                           
© 2015 Biel Rothaar






jeudi 3 septembre 2015

Dudas y Cuestiones (71)








Se publica la cuarta entrega de la serie Millennium,
«Lo que no te mata te hace más fuerte»,
escrita por el sueco David Lagercrantz,
elegido por los herederos del fallecido Stieg Larsson,
como continuador de la trilogía salanderiana.






¿A alguien le queda todavía alguna duda de por qué Stieg Larsson
no se hablaba con su padre y su hermano desde hacía más de una década?



¿Debe ser considerada la publicación de esta “secuela literaria”
como un ejemplar hito de triunfo más del largo proceso de hollywoodización de la literatura,
ese largo proceso de conversión de la obra literaria en un mero objeto de consumo
obedeciendo la lógica mercantil capitalista de comercialización de bienes
en un contexto dinámico de oferta y demanda?




¿En un reparto porcentual de culpabilidades
sobre el triunfo de este proceso de hollywoodización de la literatura,
de intromisión totalitaria de la lógica mercantilista en el proceso de producción de la obra literaria,
debieran ser señalados con prioridad los “productores de la oferta”
(como en el pasado fueron señalados en la transición del viejo al nuevo Hollywood
aquellos productores ejecutivos salidos de ilustres de facultades de economía
que sustituyeron con criterios de rentabilidad económica
obra de arte cinematográfica” por “obra de consumo cinematográfica”),
o, debiéramos señalar por contra en un grado mayor a los “productores de la demanda”,
a esos demandantes que conforman el grueso de esa clase media occidental esnob, antiesteta, antiintelectual y devota de lo recreativo sobre lo ilustrativo
que convierte en axioma social aquella sentencia de Benda
que apreciaba en el sueño, la fantasía, la vaguedad, la fe y la afirmación gratuita
 todos los vicios y debilidades del hombre banal e irracional?




¿Por otro lado, esta segunda vida literaria artificial de la obra de Larsson,
nos da también la oportunidad para pensar en una corriente de fondo mayor
 si estamos ante un signo identificativo y constituyente de nuestro tiempo,
si acaso como vértices y testigos de una majestuosa tradición cultural a nuestras espaldas
todo lo máximo a lo que puede aspirar el autor contemporáneo es justamente como David Lagercrantz
aspirar a la soberanía de un acento personal en una voz prestada?




© 2015 Biel Rothaar