lundi 3 octobre 2016

Las Últimas Palabras De Syd Barrett En El Hotel Chelsea








Alguien llamó a este sitio el hogar de los villanos.
Yo nunca estuve aquí.
Yo no estoy aquí.
Y sin embargo os veo bailar entre la luz,
os veo alejaros entre sus fotones que se desdoblan como putas ebrias de fuego.
Nadie me invitó a esta fiesta.
Un coche fúnebre me espera en la entrada.
Cuando canto en realidad quiero callar.
He visto a Venus caer sobre Marte,
otra noche vi abejas radiactivas organizando asaltos de flores.
El amor es la última de las religiones.
Las auroras boreales son danzas de ángeles drogados.
He visto cosas horripilantes que no eran reales,
y he visto cosas horripilantes que eran reales,
ambas me produjeron el mismo dolor.
La música, cuando las voces suaves mueren, vibra en la memoria, Percy Bysshe Shelley lo dijo.
Jack Kerouac escribió aquí, On the Road.
Todas las carreteras son la misma polvorienta carretera.
Arthur C. Clarke escribió aquí, 2001: Una odisea en el espacio.
He pasado noches enteras dentro del vientre eléctrico de HAL 9000.
Otra noche bailé desnudo en un cementerio de Sylvester Pleak.
Sylvester Pleak aún no existe en este mundo.
Nadie me invitó a la vida.
Era un apacible cementerio lleno de jóvenes cadáveres azules,
desgarrados todos por un grito interior.
I can make you smile.
Janis Joplin se la mamó aquí a Leonard Cohen.
La Joplin se la mamaba a todos,
porque Janis era una puta adorable.
Los ojos errantes coleccionan los mejores adioses.
When I live, I die.
El hamster que mordió al hijo de Anne Beverley era la Serpiente.
Dicen que en Omán se admiran turbadoras lolitas desnudas bajo oscuros niqabs.
En un bar de Soi Cowboy yo mismo vi sodomizarse a la familia Borgia a petición popular.
Where are we going, Walt Whitman?, Allen Ginsberg lo dijo.
Dylan Thomas escribió aquí su mejor poema.
Una noche ella dijo que nada valioso puede ser poseído.
También dijo que la anarquía siempre existe en la mente.
No recuerdo quién era ella, sólo recuerdo la melodía de su coño sucio.
Con diez años los labios rojos de Louise Brooks ya seducían abogados y jardineros.
Rats, rats lay down flat!
Joey Ramone nunca estuvo en verdad aquí.
En la 614 Arthur Miller logró asesinar el recuerdo de una de esas bestias rubias que acechan a todo hombre.
La única ceremonia real es la ceremonia de la muerte.
Vi a un sólo hombre estrechar las nubes.
Dicen que Rimbaud vive en las calles de Benarés repartiendo bendiciones malditas.
My book is closed, I read no more.
Un día seremos viejos y grises y estaremos llenos de sueño, Yeats lo dijo.
I heard you singing in the midnight air.
En el hall hay un cartel que ruega silencio.
Las mejores noches son aquellas donde brilla el sol.
Él dio a la Miseria todo lo que él tenía, una lágrima, Thomas Gray lo dijo.
Hay un callejón en Rodeo Drive con una pitonisa que siempre acierta tu destino.
Mi destino es no tener destino.
Yo ya no estoy aquí.
He ate the elephant.

La droga soy yo.





Guerau K. Blissett
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.




samedi 24 septembre 2016

Carta a Obama de un niño anarquista




Estimado Presidente Obama, ¿recuerda el niño neoyorquino que le escribió una carta ofreciéndose para acoger en su casa a aquel otro célebre niño herido de la ambulancia en Siria? Verá, conozco bastante bien a ese pequeño gilipollas, por desgracia vamos juntos al mismo colegio, y mi padre y su padre le comen el culo más o menos a la misma gente para que las zorras de nuestras madres puedan pasearse con la tarjeta de crédito por Fifth Avenue sin demasiados sobresaltos, y sin que se les borre esa eterna sonrisa de ociosas damas del Upper East Side que hubiera hecho a Capote cruzar cualquier acera de Madison o Park Avenue moviendo alegremente su rabito de radiante lagarterana. Ya sabe la mierda de la que le hablo. Ahora pensaba en todo ello, masticando chicle ya sin demasiadas ganas, aquí mal sentado en la biblioteca escolar releyendo en el Times la noticia de la puta carta. Sí, ya sabe, esa carta que leyó usted en la ONU hace unos días con ese falso tono compungido que ya le conocemos bien, como en la matanza de Umpqua o de Sandy Hook, ese tono impostado que saca a relucir en todas esas ocasiones propicias en las que prentende convencernos a todos de nuevo que en realidad sí que es merecedor del Premio Nobel de la Paz, pese a ese pecadillo venial de ser el general en jefe del ejército más sanguinario del planeta (God Bless America!). Supongo que aún la recuerda, aunque soy consciente que a los actores mediocres como usted se les suelen olvidar enseguida los teatrillos de provincias, y sólo suelen conservar la memoria para las grandes hazañas de los verdaderos coliseos. Le recuerdo el estribillo por si acaso, "¿puede ir a buscarlo y traerlo a nuestra casa...? Le estaremos esperando con banderas, flores y globos. Le daremos una familia y él será nuestro hermano". Tan cristianamente emotivo el discursillo solidario del jodido niño burgués, ¿verdad? Qué lastima que todo sea un mero espectáculo propio de nuestra época debordiana, y sólo valga ya como mercancía capitalista para acabar siendo un fetiche que colgar en forma de adorno en los arbolitos sintéticos de la próxima navidad, reconvertido en codiciado emblema de ese frágil hombre común americano que de forma tenaz procura siempre hacer los mejores votos para seguir aparentando ser un buen cristiano, para demostrar ser un miembro honorable del rebaño y así permanecer a salvo de la amenaza platónica de las fauces del lobo todopoderoso.

Pero no se preocupe estimado Presidente Obama, ya me he encargado de darle su merecido a ese puto subnormal alienado ya por la metodología burguesa del espectáculo y de la apariencia. Esta mañana lo he cogido en los pasillos del colegio de la solapa de su abriguito de miles de dólares (de forma amable por supuesto), y lo he metido en los baños y lo he puesto a comer y oler mierda de la de verdad, esto ya, evidentemente, como usted comprenderá, de una forma menos amable. Tenía que haber visto su semblante descomponiéndose, sus ojos hinchándose de un dolor por primera vez auténtico, su ineficaz pataleo tratando de oponerse al contacto con la dura realidad. Siempre sucede lo mismo con estos niños burgueses, el contacto desnudo con la realidad les desarma todos sus castillos de naipes, todas esas membranas asépticas que bajo los biombos de la toma de distancia (colegios elitistas, barrios elitistas, comercios elitistas, centros de ocio elitistas, clubes de golf elitistas, etc.) consiguen que pueda reconvertirse lo "real" de sujeto sensorial en frío objeto conceptual. Sólo en esa forzada destrucción obtienen la dolorosa toma de consciencia de las diferencias de grado entre el confort de lo aparente frente a la insoportable pocilga de lo real. Sólo entonces comprenden que no es lo mismo dar un plato de sopa a los mendigos en el comedor de la iglesia cada domingo como simulada obra solidaria que oler en vivo cada día la suciedad de las ropas de cada mendigo hasta convertirse uno mismo en otro sucio mendigo. Usted sabe bien de lo que hablo, usted fue también un sucio mendigo en las calles de Chicago, estuvo rodeado de ellos, olió su miseria hasta hacerla suya, y hábilmente autotransformado en flautista de Hamelín la usó con inteligencia política para emprender la escalada social que poco a poco le condujo a esa cúspide final, desde donde los límites entre ambos mundos se hacen tan diáfanos como en algunos de los versos cinematográficos de un De Sica o un Jean Renoir. Pero para entonces el olor de la miseria ya sonaba distante como si proviniese del mundo de los sueños, ya se había convertido también en un frío objeto conceptual sobre el que especular en el tiempo. La urgencia de lo real devino en la demora de toda utopía, cuando ésta deja de pertenecer al territorio de la voluntad y pasa a la esfera veleidosa de la estrategia. El anhelado "destructor" se reveló de este modo como el máximo garante de la maquinaria de destrucción en marcha, en otro diligente guardián de las muchas llaves y las muchas cerraduras que segregan el confortable mundo de lo aparente del descarnado mundo de lo real.

Nada de esto hubiera sido necesario sin embargo si usted mismo le hubiera metido metafóricamente al pequeño nuevo héroe americano la cara en las profundidades fecales del retrete, procediendo en lugar de festejar poéticamente su supuesta humanidad descifrando por contra el trasfondo del patrón de comportamiento que se esconde detrás de algunos "do-gooders", exponiendo en detalle el debate que corre desde las consideraciones dieciochescas sobre la naturaleza egoísta de ciertos altruismos hasta las aseveraciones que aporta la biología y psicología evolutiva contemporánea sobre la conexión de otros altruismos con un auténtico sentimiento de empatía (hay un libro de MacFarquhar que aborda el tema con suficiencia aunque con el aguijón de la crítica burguesa bastante descargado, pídaselo a alguno de sus ayudantes). En vez de su lacrimosa arenga de telepredicador evangelista de tres al cuarto hubiera sido más aleccionador que disertase sobre los matices entre ese altruismo real sobre el que se fundamenta por ejemplo la amistad anarquista y ese altruismo impostado e impulsado por razones egocéntricas de ciertos "do-gooders", tan abundantes entre la clase burguesa de nuestro tiempo, que realizan el bien como una expiación moderna de un soterrado sentimiento de culpa por la militancia en ese "individualismo dominante" que convierte la vida de los individuos en una lucha degradante y, sobre todo, bajo el instinto de que ese "acto solidario" les reportara en último término algún tipo de beneficio a nivel personal. Pero, claro, ninguna de esas reflexiones eran por supuesto esperables de su nueva aparición pública, como nunca fue esperable que, en lugar de anestesiar la realidad mediante esas loas sentimentalistas a modo de tiernas fábulas decimonónicas, avivara la esperanza humana actuando activamente contra la degradación medioambiental del planeta, contra la desigualdad basada en la coacción y la explotación, contra el sutil neocolonialismo moderno que pauperiza la mitad de la población mundial, contra la especulación y apropiación de los recursos naturales, contra los imperalismos morales que uniformizan al individuo. Nada de eso, en efecto, era esperable en usted, estimado Presidente Obama, puesto que todo el mundo sabía desde el principio que era uno más jugando a prestigiarse en el juego de no parecer uno más.

Mañana cuando reciba esta carta en su famoso despacho probablemente no habrá ya más futuro para mí en la elegante sala de esta biblioteca escolar desde donde le escribo, mi defenestración individual quizá haya comenzado ya por atentar contra el amado nuevo héroe americano, mi marginalización habrá dado comienzo como siempre presentí como amenaza y como destino social. Mi rostro saldrá en los periódicos estigmatizado como el de todos aquellos que leen con devoción el Catecismo maldito de Necháyev, como todos los que no podemos dejar de admirar las obras de los anarquistas de finales del siglo XIX que amaban sobre todas las cosas terrenales el olor de la pólvora negra y como todos aquellos que encontramos en los textos de Unabomber más certezas que despropósitos. Bajo la invocación utilitaria del "principio de no agresión" que usan todos los individuos burgueses para parapetar contradictoriamente en sus cláusulas la legitimación inviolable de su agresivo y explotador "individualismo dominante", mi acción será presentada como intolerable violencia y no como alumbradora rebelión. Pese a mis cortos años de experiencia vital, soy perfectamente consciente que la única violencia tolerada en el mundo liberal es aquella violencia subrepticia que coincida con los códigos constitutivos de lo aparente que vertebran el propio sistema. Toda violencia indisimulada, ajena a esta pauta, es el signo delator de los criminales, los locos o los revolucionarios; siendo ese tipo de violencia frontal únicamente permitida a los guardianes de las llaves del sistema, ya sea para intervenir aquí o allá por alguna arbitrariedad circunstancial, por algunos de los muchos motivos que sean acomodables en el cajón de sastre de la "seguridad nacional", por alguna razón geopolítica que amenace el jaque internacional o en el plano más prosaico para "neutralizar la amenaza" que una noche pueda suponer algún yonqui iracundo en Times Square o un puto negro altivo en cualquier calle de Missouri o North Carolina. Mi peor mal ha sido, como en el caso de Sade, el descubrimiento precoz de todos "los dogmas absurdos, los misterios espantosos, las ceremonias monstruosas, la moral imposible de esta repugnante religión" sobre los que se sostienen no como en el pasado aquellos sistemas religiosos de aquellos "grandes bribones" que "supieron asociar las divinidades que fabricaban a su ambición desmesurada" sino sobre los que se sostienen los cimientos actuales de la democracia burguesa. Y esa certeza ha infundido en mi carácter el desprecio más absoluto por toda sistematización de la libertad o felicidad individual, por todo fingimiento contrario a lo sustantivo.

Mañana, como decía Frederick Jackson Turner hace más de un siglo, nos quedará seguir extendiendo la frontera muerta y ese dinamismo americano de experimentar los límites de la existencia individual. Mi destino será por tanto ese verdadero destino del espíritu del pionero americano que cruzó un océano para ensayar de otra manera la libertad individual, el mismo espíritu ácrata que subyace incorrupto y ajeno a los cantos de sirena de la democracia liberal en el Free State Project de New Hampshire, ser libre o morir. Aunque tampoco me es ajeno que mañana mismo restará también ese continuar escapando, como ser humano que soy, del lobo que habita en mí mismo y también de ese lobo que resiste socialmente en el exterior, en el propio Free State Project de New Hampshire en el que en ocasiones para ser libre es consentido dominar al otro, procurando ante esas amenazas, con voluntad de transfiguración, desertar de todo ello e instalar en cambio el Ser en el dominio social de ese "individualismo armónico" en el que para ser libre no es preciso recurrir a las artimañas del lobo. Ese lobo implacable que ensangrenta niños que terminan siendo fotografiados desvalidos en el interior de ambulancias y cuya penosa imagen estimula la composición de espectáculos de solidaridad en ese otro lado del mundo donde nunca caen bombas, y que avispados jefes de gabinete instrumentalizan con sagaz retórica para el beneficio de erráticos presidentes, creando artificiosas aureolas que hagan brillar reflejos magnánimos allí donde, pese a todos los disfraces, siempre hubo, simplemente, un rostro de lobo.






Guerau K. Blissett
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.





mercredi 7 septembre 2016

Correspondencia paradigmática con el señor Val Lesaux sobre prejuicios y coacciones colectivistas al pensamiento anarcoindividualista










NOTA: La siguiente misiva representa ese ambiente de autodefensa y coacción típico
que los miembros de la corriente anarcoindividualista deben de sufrir de forma habitual
en el contacto con las comunidades donde prevalece una representación anarcocolectivista.
De modo irónico y burlesco, el remitente protagonista de esta correspondencia recibe el trato de "señor"
para subrayar esa paradoja que se da en el interior del anarcocolectivismo, de donde a menudo surge
una manipulación retórica común contra el anarcoindividualismo realizando la mezcla tergiversadora 
de egoísmo y egocentrismo, cuando precisamente es de forma contradictoria en el seno del colectivismo
donde aún vemos esa presencia avasalladora de egocentrismo en la reproducción de refinados liderazgos, 
situando al ego del sujeto como centro de dominación, no como un Único sino como un señor, como un dueño, como un amo anulador de individualidades. 






Biel Rothaar En primer lugar dice usted Sr. Lesaux : “Quiero antes de que me mandes a hacer nada”. En ningún momento le he “mandado” nada, le he “recomendado” una lectura, que tiene un significado bien diferente!  Haga usted lo que le plazca con esa recomendación, esa es su libre decisión. Y mi recomendación lectora poseía, y por supuesto sigue poseyendo, la mejor de las intenciones para hacer poroso su pensamiento a nuevas influencias que considero serían positivas para su reflexión, ni tan siquiera como efecto de cambio sino como mero contrapeso que pueda ayudarle a matizar y enriquecer su propio pensamiento, incluso por vías no exploradas hasta el momento que bajo un pensamiento divergente enriquecido en su base asociativa pueda redundar en beneficio de todxs. Espero que haya sido un error su “tergiversación”, y no tuviera otras intenciones fraudulentas de presentarme como autoritario, incumpliendo de nuevo en sus comentarios el principio de no agresión, rompiendo otra vez un escenario libre, entre ambos, de no coacción.

Y digo justo esto para enlazarlo con el abordaje a ese desconocimiento que me presupone del principio de coacción, del que creo que el que va a tener que refrescarle la memoria sobre la interioridad del principio coactivo voy a tener que ser yo! 


Vamos con ello, aparte de la coacción física y más allá de la coacción en sentido psicológico que parece que ha conseguido recordar usted “motu proprio”, todo escenario exento de coacción se significa directamente por la ausencia de toda ruptura de ese mismo escenario de no coacción. Como seguramente no dudo que ya sabrá, el principio de coacción va ligado y es indisoluble por este motivo del cumplimiento del principio de no agresión. Dicho esto, hago una salvaguarda como defensor del insurreccionalismo para aquellos casos en los que la agresión sea recomendada frente a una amenaza autoritaria, agresión que yo mismo he ejercitado en la práctica. Reservo el derecho exclusivo del principio de no agresión para la convivencia pacífica entre individuos anarquistas.

Por si no tuviese clara la indisolubilidad de la cadena de términos, coacción, no coacción y principio de no agresión, permítame recordárselo con brevedad: “El principio de no agresión (o de no coacción o no invasión, abreviado PNA o NAP, del inglés non-aggression principle) es un principio ético y jurídico, paralelo al de propiedad de uno mismo, que sostiene que debe ser legal para cualquier individuo hacer lo que desee, siempre que no inicie ni amenace con iniciar violencia contra otro individuo o su propiedad. Afirma que la coacción —definida como el inicio de fuerza o violencia física, la amenaza de tal, o el fraude a las personas o sus bienes pacíficamente adquiridos— es intrínsecamente ilegítima y debe ser rechazada”.

Amplío la noción de “fraude a las personas” del principio de no agresión (“el fraude es la acción contraria a la verdad, (...) basada en el engaño), que es la modalidad de agresión a la que usted y otros miembros de esta comunidad parecen ser más propensos, destacando en estas lides con mucha diferencia el señor Lavallos que dio toda una exhibición hace un par de días con todo tipo de torsiones y manipulaciones descaradas de mis propios comentarios, ante mi ejemplar ejercicio de paciencia y ante el asombro de propios y extraños; y cuya operación agresora, rompiendo de nuevo el escenario de no coacción entre ambos, ha encontrando su apogeo en el siguiente corolario a modo de guinda de todo ese esforzado proceder denigratorio y de agresión contra la exposición de mi pensamiento, merecedor en modo inevitable de su bloqueo para restaurar el necesario ambiente de no coacción entre individuos autónomos y libres: “Un olor a fuckin capitalista tiene este!” Corolario merecedor sin duda además de unas irremediables risas! 
 
Biel Rothaar Anexo a este comentario: dadas las ganas de intoxicación y manipulación fraudulenta que percibo en algunos miembros de esta comunidad, aclaro que el término "propiedad" es referida siempre en términos anarquistas en cuanto a la inalienable facultad de ser "propietario de sí mismo" en sentido lockeano y la propiedad material (no en un sentido capitalista liberal) nunca como derecho de uso y abuso siguiendo el principio de derecho romano del jus utendi et abutendi, sino de acuerdo a la crítica proudhoniana de la propiedad sólo en tanto jus utendi, como recíproco e igual derecho para todos de uso y ocupación, no como "apropiación" exclusiva sino como mera "posesión" contingente, y sin el componente hereditario que el propio Proudhon le concedía en su defensa de la familia patriarcal como base estructural de "su" sociedad anarquista condicionada en su idealización en algún momento por la influencia de su biotopo pequeñoburgués y rural.
Biel Rothaar

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Biel Rothaar Luego, aclarado este concepto de coacción Sr. Lesaux, debo volver a denunciar que en el curso de su comentario, vuelve a saltarse usted su autoafirmación de que no comete usted ningún tipo de coacción sobre la libertad individual ajena cuando de nuevo miente con descaro (incumpliendo una vez más, y ya van unas cuantas, el “principio de no agresión”) sosteniendo que he degradado el socialismo “de un modo muy burdo y generalizado”. Está usted cometiendo por ello en esa afirmación de nuevo un fraude deliberado, agrediendo a la verdad de mis comentarios que han sido muy extensos y matizados. En ellos, además, como puede comprobarse no he hecho más que subrayar una y mil veces (para evitar justamente malentendidos y desactivar cualquier género de acusaciones de este tipo), que no tengo nada en contra de la posibilidad anarquista (que conozco bien además en lo práctico) de que un “grupo de afinidad” tienda a desarrollar un modo de vida socialista siempre y cuando se respete la idiosincrasia anarquista (autonomía, libre asociación ajerárquica y rebelión ante toda coacción o dominación social propia o ajena). Mi crítica, en cuanto ideología totalizadora al socialismo libertario o comunismo heterodoxo, se ha sustanciado en cuanto a las amenazas evidentes de dominación introyectiva (Klein) que éstas poseen sobre el conjunto de los individuos cuando ese colectivismo en sus diversas variantes pasa de lo particular a lo universal, pasa de la fase de opción individual al terreno de la dominación ideológica, tratando de ubicar el punto gravitacional central de las decisiones de cada individuo en base a un abstracto “colectivo” y no en base a su autonomía individual y sus necesidades propias. En un siguiente comentario a éste, le reproduciré de nuevo lo que manifesté con claridad a Neira Tino antes de que en su falta de argumentos para abordar el matiz de lo expuesto, en su radicalidad socialista y sus prejuicios anti-individualistas, empezara a incumplir el principio de no agresión y coaccionar el ambiente con todo tipo de agresiones a otra compañera y a mí mismo, lo que hizo insostenible, como en el caso del señor Lavallos, cualquier posibilidad de debate teniendo que proceder a su bloqueo para retornar el ambiente a una situación de no coacción.

Ese fue el alcance y el objeto de mi crítica socialista, lo fue siempre hasta ahora y seguirá siendo siempre así, porque sé bien por experiencia propia que demasiados anarcocolectivistas (en su deriva del pensamiento socialista de lo particular a lo universal como moral colectivizante aplicada de forma general) encuentran tolerable (en una errada equiparación discursiva y metodológica de anarquismo con socialismo decimonónico) que el conjunto de los individuos deben sacrificar su bienestar personal y el desarrollo de su potencia única como este individuo considere oportuno para adecuarse y sacrificarse a los intereses del abstracto colectivo o incluso solamente de su comuna. En este caso, defiendo que estamos degradando la autonomía del individuo anarquista condicionando la expresión de su Único (einzige) mediante un caso de coacción ideológica (incumpliendo así otra vez el principio de no agresión). Como decía en mi artículo, "siendo en este mismo punto donde se empiezan a bifurcar las “autoritarias” dinámicas sociopolíticas de estos tipos de “anarcocolectivismos” —supeditados y homogeneizados por las necesidades comunes del colectivo— de ese inconfundible fluir heterogéneo de la idiosincrasia anarquista propiciado por el desarrollo social anárquico de la “auto-teoría” de cada individuo o grupo de afinidad, precipitándose por contra estos “anarcocolectivismos” a partir de entonces en esa alienante “realidad abstracta” de lo ideológico como señala Jason McQuinn en su crítica post-izquierdista de las ideologías, realidad paralela que atenta contra el mencionado principio de Ryner de no injerencia externa —moral o dogmática— sobre la conciencia individual, al “prescribir” y “limitar” las formas y relaciones en la que los individuos han de concretar esa futura “sociedad anarquista”. 

Esta injerencia sobre la autonomía individual se produce, prescribiendo de forma estructural e ideológica a la manera kropotkiniana el tipo de "sociabilidad" a la que han de obedecer el conjunto de los individuos (vuelvo a insistir una vez más para ver si queda suficientemente claro), cuando el pensamiento socialista pasa de lo particular a lo universal, al ser aplicado al conjunto de los individuos como moral colectivizante, no como libre decisión de cada uno de los individuos o de los "grupos de afinidad", coaccionando así el comportamiento y accionar individual de los individuos. Esta fue la totalidad de mi crítica al socialismo, ¿está usted de acuerdo con ella o le parece tolerable esa “sistematización” del pensamiento socialista extendiéndolo al conjunto de la esfera de todxs los individuos? Precisamente, el trabajo del post-left anarchism que usted ha despreciado e insultado calificándolo de lobby liberal (incumpliendo de nuevo el principio de no agresión mezclando fraudulentamente "individualismo liberal" e "individualismo anarquista"), tiene este propósito como objetivo desde una crítica profunda de toda ideología, con lo que vuelve a quedar usted en otra ocasión más en sonoro ridículo al calificar al post-left como “frente idieológico”. De este modo se precipita usted una vez más a causa de su reactividad a toda crítica del credo socialista (en su forma de moral colectivizante general) en la acción del principio de no agresión en la variante de fraude a las personas en un intento de desviar la verdad mediante engaño. El objeto del emerger histórico del post-left anarchism es pensar (pese a todos esos denodados boicots del anarquismo de los "dinosaurios" enclavados paradójicamente de forma estática y dogmática en la contaminación e igualación de anarquismo al proceder revolucionario de masas del socialismo decimonónico), la “sociabilidad” inherente del anarquismo en relación con la autonomía del individuo y las mecánicas sociales específicas de los “grupos de afinidad”, superior a las mecánicas sociales de las asambleas colectivistas en la que se siguen reproduciendo y tolerando seguidismos y liderazgos sutiles como usted podrá comprobar por sí mismo, y como otros llevamos comprobando ya desde hace muchos años, en el trabajo de campo de las asambleas anarcocolectivistas y las asambleas anarcosindicalistas (no siendo la exposición de mi artículo en esta comunidad más que que una extensión de ese propio trabajo de campo a la esfera digital). 

Por lo tanto como le mencionaba, no hace falta que nos remontemos muy lejos Sr. Lesaux para encontrar ejemplos de coacción al pensamiento individualista desde la esfera colectivista en cualquiera de sus diferentes variantes, ya que en el curso de estos comentarios a mi artículo "¿Por qué soy anarcoindividualista?" tenemos suficientes ejemplos de ello, durante los cuales ha sido necesario bloquear hasta ahora a tres miembros de la comunidad por hacer insostenible ese ambiente de no coacción, a causa de las ofensas, hostigamiento y manipulación fraudulenta que otros compañeros anarcoindividualistas, aparte de yo mismo, hemos sufrido de forma reiterada en una situación que ha rayado el acoso obsesivo, solamente por el hecho de pensar el anarquismo desde la radical autonomía y soberanía del individuo anarquista sin subordinación a ningún colectivo ni moral colectivizante que dicte nuestro comportamiento y accionar en nuestro día a día. Aunque esto no es más que una muestra a pequeña escala del escenario de coacción que han sufrido todos los individuos anarquistas que han defendido mi postura desde los tiempos históricos del regulado y normativizado anarcocomunismo kropotkiniano al ridículo hostigamiento y manipulación torticera del anarcoindividualismo por parte del ingeniero social e ideólogo socialista Bookchin, reduciéndolo a un inoperativo y aburguesado "lifestyle". Pero como hemos comprobado no ha hecho falta irse tan lejos, todo está presente aquí mismo, ante nuestros ojos!! :)

Biel Rothaar Ahora, ya como remate, y como derecho de réplica final para defenderme de su acusación de haber realizado una crítica denigratoria general del socialismo o postura colectivista dentro del anarquismo, vuelvo a difundir Sr. Lesaux el comentario íntegro realizado a Neira Tino, escrito como reacción a su intento de acusar al anarcoindividualismo de ser asocial. 

Este fue el comentario donde expongo mi crítica matizada al pensamiento socialista dentro del anarquismo: "Y ahora Neira, ya después de haber hecho mi esfuerzo por intentar inocularle una "duda" sobre su errada equiparación de toda reflexión individualista al paradigma liberal, creo que voy a adentrarme ahora en esa otra célebre recurrencia anarcocolectivista (al parecer con el monopolio de pensar y defender lo "comunitario" y lo "social"), para intentar defender que, pese a ese citado monopolio socialista de lo "comunitario" y lo "social", la corriente anarcoindividualista, en la defensa radical de la necesidad de la construcción de un individuo autónomo y soberano mediante una toma de consciencia revolucionaria, es justamente la única corriente anarquista que trabaja por una efectiva "sociedad anarquista" en la que todo individuo y toda interacción social entre estos individuos por libre asociación acabe respetando la idiosincrasia anarquista (autonomía, libre asociación ajerárquica y rebelión ante toda coacción o dominación social propia o ajena). Porque le recuerdo que el anarquismo (pese a la contaminación ideológica homogeneizante del socialismo libertario, devenido del revolucionario socialismo decimonónico de masas a modo de contrareacción hipercomunitaria al igualmente intenso e hipertrofiado culto del individuo del "individualismo dominante" del naciente capitalismo liberal), no se rige (y he ahí su fuerza determinante) por ningún programa político o ideológico "direccionador" ni "centralizador" sobre un discurso concreto, sino que es la autoproducción de "orden social" a través de la autoorganización devenida de las libres interacciones entre cada individuo anarquista o "grupos de afinidad" en base al ejercicio autónomo y soberano de la idiosincrasia anarquista cuyos valores le citaba con anterioridad: autonomía, libre asociación ajerárquica y rebelión ante toda coacción o dominación social propia o ajena. Esta mecánica social genera por su parte la instauración social de un "individualismo armónico" siguiendo las claves dadas por Ryner, como una fuerza compleja y autónoma de autocreación de relaciones sociales y de producción en ausencia de dominación ni explotación ajena, y en la que la totalidad de los nodos de esa red social de individuos anarquistas quedan entrelazados bajo la influencia de ese paradigma de la amistad de “Schwarzenbach” que es invocado a partir del antiguo vocablo griego -philia (amistad), término rico en matices y que con amplitud “captura lo que ciertos tipos diferentes de relaciones positivas poseen todas en común”, dinámica cohesionadora que regirá las interrelaciones sociales de la "sociedad anarca", nacida de esa empatía natural de saberse miembro de un mundo de iguales y sin enemigos.


El socialismo libertario, aplicado como modelo general en tanto moral rectora, no es por tanto anarquismo ni conduce a la anarquía, es sólo eso, un programa ideológico más llamado "socialismo libertario" con sus específicas prescripciones estructurales y morales que cuando pretende aplicarse y se "introyecta" (Klein) como ideología totalizadora al conjunto de los individuos no acaba respetando la idiosincrasia anarquista porque introduce una coacción ideológica sobre la auto-teoría y la autonomía de cada individuo. Otra cuestión sería que, dentro de la "sociedad anarquista", un "grupo de afinidad" decidiese libremente fundar una comuna y vivir como Owen bajo unas aceptadas reglas por todos a partir de cierto modelo existencial sin que exista coacción sobre ninguno de sus integrantes. Fíjese qué paradoja: el anarquismo entendido desde la radical autonomía del individuo permitiría en su seno a todas las corrientes del anarquismo, de acuerdo a aquella sentencia de Colson que nos decía que "hay tantos anarquismos como anarquistas", pero no al contrario. Esta paradoja es observada de forma precisa en las corrientes anarcocolectivistas cuando éstas transitan del ámbito de lo singular a lo universal; es decir, desde ese participado "bien común particular" a un abstracto y desparticipado "bien común general", desde esa comuna aceptada por un "grupo de afinidad" concreto a ambicionar "modelar" moralmente toda la Sociedad. En ese instante se desborda el clima de no coacción entre individuos y aparece la coacción que pervierte el temperamento de la "idiosincrasia anarquista", desbordando la soberanía individual en la aplicación práctica sobre el conjunto del tejido social de esa voluntad de algunos individuos sobre la totalidad de las voluntades del resto de individuos, en tanto esa obligatoriedad de regirse bajo las prescripciones estructurales del socialismo ideológico; es decir, bajo la lógica superior de lo colectivo sobre lo individual, bajo el paradigma de la comuna como núcleo existencial "ortodoxo", bajo el rigor de una economía planificada en base a las necesidades comunes (que como sabemos genera una economía de subsistencia porque no tiene en cuenta la potencia creativa máxima de todo individuo que desborda lo "necesario") y bajo el gobierno de esa corrupta lógica asamblearia donde se siguen manteniendo de manera sutil los seguidismos y los liderazgos frente a la horizontalidad radical de los reducidos "grupos de afinidad" entre individuos que se han autoconstruido y se mantienen radicalmente autónomos, no como "ciudadanos" de ningún "sistema totalizador" sino como partículas anárquicas que construyen lo "social" desde la libre interacción con otros individuos o "grupos de afinidad". Esta dinámica social de interacción entre individuos anarquistas radicalmente autónomos y soberanos crea finalmente así, en último término, ese "diferendo" decisivo entre una "sociedad anarquista" que respeta en su totalidad la idiosincrasia anarquista y otra que no lo hace: el diferendo de la heterogeneidad frente a la homogeneidad en la que deviene todo "sistema". La anarquía es heterogeneidad, donde no hay heterogeneidad no hay anarquía, y esa heterogeneidad sólo la puede garantizar un individuo anarquista, soberano (propietario de sí mismo) y autónomo dentro del ámbito plural y multiforme de la idiosincrasia anarquista (connotación que está implícita le recuerdo en el espíritu de la corriente del "anarquismo sin adjetivos"). La anarquía, en resumen, sólo es posible desde el creativo y espontáneo caos interindividual".









Guerau K. Blissett
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.




samedi 27 août 2016

Epitafio para una alcahueta sobre fondo gris









a SuccaX,
in memoriam 





Oh dioses del averno arquista, deambula ya a vuestro encuentro el cuerpo incorrupto del joven ataráxico SuccaX, sedle propicios en su nueva morada, pues también de él se han apartado los favores de los númenes celestiales. Acoged en vuestro seno con todos los festejos propios del dios Archos a este taimado autoritario, a este viejo prematuro, a este feliz hater antisemítico negador del Holocausto, a este misógino disfrazado en discursos críticos, a este impenitente buscador de noblezas que en sus últimos días alcanzó como único honor el título de alcahueta mayor del reino twittero, donde encontró el mejor refugio para su ánimo vencido y su ficción de guerrero fantasma combatiendo fantasmas stirnerianos, intentando gobernar débiles voluntades mediante el ejercicio soterrado de esas astutas diplomacias devenidas de ilustres educaciones burguesas. Aunque ya anciano precoz, todas esas andanzas finales desprendiesen a la postre el rastro melodramático de la vulgar sombra desfigurada de un decrépito sátrapa de celuloide.

Corrieron sus mejores días fingiendo la fantasía de ser un individuo anarquista, en primera instancia seducido como todo temperamento aristocrático por los tentadores brillos de lo selecto, y después en el progreso de su estrategia ataráxica, para neutralizar el dolor de la vida y de las emociones, como mero caparazón instrumental donde disfrazar como potencias los vacíos de las carencias o las renuncias.

Su devenir vital estuvo marcado por ese contradictorio signo de una idealizada voluntad de potencia y la deprimente realidad de una impotencia orgánica. Y como todo organismo limitado para cumplir por sí solo su voluntad, tendió toda su vida a los bálsamos de asociarse parasitariamente a las estelas brillantes de individuos ilustres bajo esforzadas traducciones o al lenitivo lamecuril de convertirse en la sombra zalamera de jóvenes individuos que desbordaban el carisma y el talento creativo que a él le faltaba, incluso aunque no fuesen de su aprobación ideológica, como el caso de su polémica amistad personal con el joven falangista burgués Diego Volia, amistad de la que siempre presumió refinadamente en privado, pretendiendo engalanar esa ignominia con el centelleo de lo solemne.

En las dependencias de su solitaria granja, constituida como tumba y no como vergel, recordó muchos días con amargura su infancia burguesa. Aquellos días burgueses forjaron la fundación por resentimiento de su nihilismo negativo, para el que nunca encontró un compensatorio nihilismo positivo que le convirtiera en creador de un nuevo mundo transvalorado. Esos días de juventud estuvieron definidos, como los últimos días de Caravaggio, por la gravitación de la necesaria huida, aunque al contrario del pintor milanés, él no escapara con la carga tormentosa de ningún crimen cometido, sino precisamente con la carga tormentosa contraria causada por la asunción de la cobardía por el crimen no cometido. De aquellas penosas noches burguesas, de las que siempre huyó, quedó sólo latente la nostalgia del gusto aristocrático y el vicio por los placeres alcahuetiles, ese goce de las intrigas palaciegas a las que por costumbre ha derivado, como imitación del poder vedado, el carácter débil de aquellos cortesanos que ocultan un rey en su interior. En esos deleites alcahuetiles, él también ventiló en la penumbra de discretas trastiendas esa naturaleza autoritaria de pretensiones imperiales que nunca supo disimular del todo, haciendo bueno el dicho de que no es peligroso cortesano aquel plebeyo que sueña castillo, sino aquel aristócrata disfrazado de cortesano que habiendo sido expulsado de uno pretende reinar sobre castillo ajeno.


En tediosas tardes de verano, en la más absoluta soledad, y sin otros seres desnudos a su alrededor, en el transcurso de esos instantes en principio anodinos, él había obtenido alguna vez las mejores evidencias sobre sí mismo y sobre la naturaleza humana en la contemplación de la Vida circundante a su granja-mortaja. A veces era el vuelo inalcanzable de una águila solitaria, en otras ocasiones era la larga contemplación de una hilera de hormigas que terminaba recordándole que lo determinante no era el destino estático sino la travesía dinámica. Pero no fue hasta un día en el que, contemplando distraído como una culebra se comía a un pollo, encontró como Nietzsche aquel frío día de invierno en Turín la lección más importante sobre sí mismo. Y entonces, como si fuera el mismo Friedrich Nietzsche cruzando la plaza Carlo Alberto para abrazar al caballo maltratado y resignado en el suelo por los azotes del cochero, él cruzó también el patio de su granja para abrazar los restos de aquel pollo y pedirle también perdón porque él encarnaba también el dominio cruel de la culebra y el cochero, entendiendo para siempre las diferencias entre el “individualismo armónico" anarcoindividualista y el “individualismo dominante” del liberalismo burgués que, como condenaba Han Ryner, se sustenta en esos “egoísmos agresivos y dominantes (…) que extienden la ley brutal de la lucha por la vida a las relaciones entre los hombres” legitimando la explotación y el dominio de unos individuos sobre otros, manteniendo así todas las redes del entramado social ancladas en ese estado de naturaleza salvaje que como pronunciaba Tennyson es siempre “sangre en los dientes y en las garras”. Ese día final, en un último suspiro de rabia, tomó consciencia de que pese a sus pasadas ínfulas nietzscheanas de alcanzar una gloria suprahumana, no sería nunca nada más que otro simple mortal, otro triste mortal jugando a ser dios.



Guerau K. Blissett
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vendredi 19 août 2016

Carta abierta a despistados editores comerciales o independientes



con motivo del interés de algún editor despistado
con respecto a la autopublicación de mi segunda novela, Anarkia




Aunque nunca he sido partidario de alimentar ningún tipo de imagen pública de hecho como muchos son ya partícipes, siempre he sido más bien un radical defensor de mantener un estricto anonimato por alérgica adversión como anarquista al culto de la personalidad, a los arbitrarios mecanismos de autoridad artística y a los coercitivos roles burgueses de popularidad narcisista—, uno creía que al menos había conseguido proyectar ya una cierta imagen orientativa acerca de mis intereses y de mis desintereses. Sin embargo, según parece, la situación no era tan diáfana, y aún habrá que seguir trabajando para que la fama le preceda a uno.

Por ello, me dirijo en este caso, dado el sorprendente despiste y confiando en que no se repita despúes de esta aleccionadora misiva, a ti querido y estimado editor independiente o comercial. Apunta bien todo esto puto gilipollas ególatra camuflado de filántropo cultural y hábil proxeneta de la vanidad ajena, y grábalo todo, si es posible, con pulso firme mediante rotulador permanente: me suda completamente la polla, sí, has escuchado bien, me suda completamente la polla toda vuestra ficción totalitaria de “cultura” de letras doradas, toda vuestra tradición suntuosa de “arte ilustre” inventariado a golpe de fraudulentos premios y jurados endogámicos, exaltadores de un tipo de “hombre de letras” que acepte sumiso, a cambio de jugosas recompensas del ego, la reproducción ad æternum del sistema perverso de la “cultura burguesa” y el dócil “autor burgués”, incluso en esa risible versión de simulado “autor rebelde” contestatario (los auténticos malditos nunca “profesionalizan” ni “estilizan” su condición marginal), encantados todos así finalmente de solidificarse —busto mediante— en ese olimpo rancio de bibliotecas alcanforadas y marmóreos salones de Bellas Artes de hipnóticas cúpulas doradas. Insisto una vez más, y apúntalo todo con buena letra puto gilipollas: me suda completamente la polla, que sí, que sí, has escuchado perfectamente, me suda totalmente la polla toda esa asquerosa mecánica vuestra de expedición de esos ilustres “sellos de calidad cultural”, merci, monsieur pero no necesito ninguna etiqueta de “escritor oficial”, como decía Henry Miller en Trópico de Cáncer, simplemente “lo soy”, sin necesidad sancionadora adicional de sacras bulas papales. Pero no te preocupes demasiado pobre mercader de náufragos de autoestima social, tienes el campo lleno de Carls, esos esnobs y capullos aristocráticos que venderán con una sonrisa de felicidad su culo y hasta el último gramo de su autenticidad para que le ofrezcas la fantasía social de “escritor” en el correspondiente nicho de mercado; esos esnobs y capullos aristocráticos que a menudo esconden a un perdedor crónico que en una atmósfera artificial de supuesta victoria social pretenden restañar todas sus heridas e inseguridades personales; esos esnobs y capullos aristocráticos que estarían encantados también como P.B. Jones de casarse con cualquier Peggy Guggenheim, aunque sean treinta o quizá más años mayor que ellos y tengan que aguantar su irritante costumbre de hacer sonar la dentadura postiza en el peor momento, porque todo quedará compensado por el placer de pasar toda una tarde de invierno veneciano en el sólido y blanco Palazzo dei Leoni rodeados de once terriers tibetanos y un mayordomo escocés.

Cualquier persona que se haya rodeado el tiempo suficiente entre personajes como vosotros, supuestamente “comprometidos” con la cultura y el “conocimiento humanista”, que atufáis con vuestros fingidos y engolados modales de corrección todos los salones y ambientes académicos “oficiales”, sabrá bien que, en el fondo, el único compromiso que poseeis es con vuestro propio ego y con el apetito insaciable de ver, día tras día, vuestra autocelebración personal en titulares de suplementos literarios y cartelitos de anuncios de ingeniosas y cultísimas conferencias que materialicen, por agregación en el tiempo, esa asociación interesada de vuestro nombre al lustroso y aceptado sello de superioridad jerárquica del arte socialmente sacralizado. No pico tampoco ya ese tentador anzuelo del “editor independiente” y la “cultura alternativa” que trata de construir un contradiscurso a la cultura dominante. No me trago ni por un puto minuto más todo ese cuento bien hilvanado que en última instancia no es más que la recreación de un “olimpo paralelo” de aparente contestación contracultural, aunque en verdad no hace más que reproducir bajo otra “estética” la misma lógica aristocrática acomodaticia y los mismos roles clasistas de la cultura burguesa y el autor burgués en un plano ideológico diferente, el astuto juego de la cosmogonía simbólica de la antípoda y su ciclo vital paralelo que se retroalimenta en un permanente combate de complementarios antagonistas, alcantarilla y agrio estercolero final donde van a parar todos los frustrados y resentidos que no han podido acceder o han sido expulsados, cuan ángeles caídos, del Parnaso oficial, y quienes con sibilina inteligencia transforman entonces su propia derrota y rencor vital en una lucrativa literatura del perdedor social y el antihéroe.

Ninguna de esas culturas impostadas representa la cultura libertaria ni la magnitud de la significación del autor anarquista regida por los rendimientos artísticos del “principio anárquico” y la lógica anti-institucional ordenada por la revolucionaria máxima gombrichiana que sentencia que “no hay Arte, solamente artistas”. Ese “principo anárquico”, motor de la anarquía natural en el arte, se personifica en aquella misma “revolución de la psique” que ya anunciaba el grupo anarquista moscovita “House of Free Art” en los días de la revolución rusa, esa “revolución de la psique que destronará las calcificadas prácticas artísticas de la cultura burguesa”. Una superación de las prácticas artísticas artificiales y simuladas ligadas a un modelo social y a un arte reglamentado contrario a la libertad anárquica del individuo-artista que Burliuk, Mayaskovskii y Kamenskii en su artículo "Decree No. 1 on the Democratization of Art" —publicado el 15 de marzo de 1918 en la Gazeta Futuristov—, declaraban que llevaría, en última instancia, al derrocamiento del confinamiento del arte por parte de las élites sociales en “palacios, galerías, salones, bibliotecas y teatros”, pregonando que en adelante la expresión artística libre, espontánea y sin subordinaciones de clase mandaría en las calles (y en las “calles digitales” añadirían, sin duda, en nuestros días).

El artista de la cultura libertaria es por tanto, frente a vuestro “artista domesticado”, ese tipo escaso de creador animado de forma determinante, en su existencia y en su procedimiento creativo, por el espíritu de ese “principio anárquico”, encarnando esa figura —equiparable en actitud y conciencia— al detallado “vagabundo intelectual” stirneriano. Ese creador libertario que como actitud natural idiosincrásica extiende siempre los límites de lo representado y las formas de la representación, ese creador que no se somete a ningún dogma ni liderazgo, ese creador que jamás es apresado por la inercia productiva del “discurso foucaultiano” heredado de la tradición o del medio sociocultural que le ha tocado vivir sino que coloniza y domina el “discurso” a su antojo “ampliando” a la postre el “discurso”, ese creador que en su caótica evolución personal adquiere el estado soberano lipovetskiano que le lleva a proclamar en algún instante de madurez evolutiva “la ley soy yo mismo”, ese creador radicalmente autónomo que no es apresable por ninguna estructura porque es a la vez sólido, gaseoso y líquido colindando de modo esquizoide en esa anarquía del “punto triple” a la manera de una sustancia que oscila permanentemente entre lo estable y lo inestable. Ese creador soberano y nómada, en definitiva, que siguiendo el dictado de Deleuze y Guattari, se mueve sin anclajes en una permanente desterritorialización opuesto a la sedentarización de las instituciones disciplinarias.


Y ahora, como remate final, apunta también esto emérito gilipollas: un día, mucho más temprano que tarde, de la revuelta invisible de Trocchi y la niebla digital de Vian, irán emergiendo una legión insobornable de coherentes autores anarquistas que no precisarán más de intermediarios ni ansiarán militar tampoco en más olimpos aristocráticos. Y ese dia futuro, los de vuestra raza de “individualismos dominantes” estaréis condenados, como amarga capitulación, a la marginación más tediosa y falta de oropeles, a la estricta supervivencia de seguir manteniendo en pie el castillo heredado de la “ilustre” tradición seduciendo en exclusiva a todos esos pobres desgraciados que en el ejercicio de los pódiums, las ceremonias y los reconocimientos sociales construyen falsamente relatos de sí mismos más soportables que la cruda realidad. Pero ya no importará, porque mientras tanto, en la invisibilidad difusa del “individualismo armónico” de aquellos que sólo combaten contra sí mismos, la raza de los autores anarquistas no dejará de avanzar en un bucle virtuoso, en una niebla revolucionaria, y ante sus puertas individuales el hechizo de la tradición se desvanecerá y no cabrán ya entonces ninguna de vuestras lisonjas ni laureles envenenados, porque a un auténtico einzige no se le puede intentar halagar con nada superior a sí mismo, puesto que el goce de su unicidad no puede ser superado por nada humano, demasiado humano.



Guerau K. Blissett
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