mercredi 7 septembre 2016

Correspondencia paradigmática con el señor Val Lesaux sobre prejuicios y coacciones colectivistas al pensamiento anarcoindividualista










NOTA: La siguiente misiva representa ese ambiente de autodefensa y coacción típico
que los miembros de la corriente anarcoindividualista deben de sufrir de forma habitual
en el contacto con las comunidades donde prevalece una representación anarcocolectivista.
De modo irónico y burlesco, el remitente protagonista de esta correspondencia recibe el trato de "señor"
para subrayar esa paradoja que se da en el interior del anarcocolectivismo, de donde a menudo surge
una manipulación retórica común contra el anarcoindividualismo realizando la mezcla tergiversadora 
de egoísmo y egocentrismo, cuando precisamente es de forma contradictoria en el seno del colectivismo
donde aún vemos esa presencia avasalladora de egocentrismo en la reproducción de refinados liderazgos, 
situando al ego del sujeto como centro de dominación, no como un Único sino como un señor, como un dueño, como un amo anulador de individualidades. 






Biel Rothaar En primer lugar dice usted Sr. Lesaux : “Quiero antes de que me mandes a hacer nada”. En ningún momento le he “mandado” nada, le he “recomendado” una lectura, que tiene un significado bien diferente!  Haga usted lo que le plazca con esa recomendación, esa es su libre decisión. Y mi recomendación lectora poseía, y por supuesto sigue poseyendo, la mejor de las intenciones para hacer poroso su pensamiento a nuevas influencias que considero serían positivas para su reflexión, ni tan siquiera como efecto de cambio sino como mero contrapeso que pueda ayudarle a matizar y enriquecer su propio pensamiento, incluso por vías no exploradas hasta el momento que bajo un pensamiento divergente enriquecido en su base asociativa pueda redundar en beneficio de todxs. Espero que haya sido un error su “tergiversación”, y no tuviera otras intenciones fraudulentas de presentarme como autoritario, incumpliendo de nuevo en sus comentarios el principio de no agresión, rompiendo otra vez un escenario libre, entre ambos, de no coacción.

Y digo justo esto para enlazarlo con el abordaje a ese desconocimiento que me presupone del principio de coacción, del que creo que el que va a tener que refrescarle la memoria sobre la interioridad del principio coactivo voy a tener que ser yo! 


Vamos con ello, aparte de la coacción física y más allá de la coacción en sentido psicológico que parece que ha conseguido recordar usted “motu proprio”, todo escenario exento de coacción se significa directamente por la ausencia de toda ruptura de ese mismo escenario de no coacción. Como seguramente no dudo que ya sabrá, el principio de coacción va ligado y es indisoluble por este motivo del cumplimiento del principio de no agresión. Dicho esto, hago una salvaguarda como defensor del insurreccionalismo para aquellos casos en los que la agresión sea recomendada frente a una amenaza autoritaria, agresión que yo mismo he ejercitado en la práctica. Reservo el derecho exclusivo del principio de no agresión para la convivencia pacífica entre individuos anarquistas.

Por si no tuviese clara la indisolubilidad de la cadena de términos, coacción, no coacción y principio de no agresión, permítame recordárselo con brevedad: “El principio de no agresión (o de no coacción o no invasión, abreviado PNA o NAP, del inglés non-aggression principle) es un principio ético y jurídico, paralelo al de propiedad de uno mismo, que sostiene que debe ser legal para cualquier individuo hacer lo que desee, siempre que no inicie ni amenace con iniciar violencia contra otro individuo o su propiedad. Afirma que la coacción —definida como el inicio de fuerza o violencia física, la amenaza de tal, o el fraude a las personas o sus bienes pacíficamente adquiridos— es intrínsecamente ilegítima y debe ser rechazada”.

Amplío la noción de “fraude a las personas” del principio de no agresión (“el fraude es la acción contraria a la verdad, (...) basada en el engaño), que es la modalidad de agresión a la que usted y otros miembros de esta comunidad parecen ser más propensos, destacando en estas lides con mucha diferencia el señor Lavallos que dio toda una exhibición hace un par de días con todo tipo de torsiones y manipulaciones descaradas de mis propios comentarios, ante mi ejemplar ejercicio de paciencia y ante el asombro de propios y extraños; y cuya operación agresora, rompiendo de nuevo el escenario de no coacción entre ambos, ha encontrando su apogeo en el siguiente corolario a modo de guinda de todo ese esforzado proceder denigratorio y de agresión contra la exposición de mi pensamiento, merecedor en modo inevitable de su bloqueo para restaurar el necesario ambiente de no coacción entre individuos autónomos y libres: “Un olor a fuckin capitalista tiene este!” Corolario merecedor sin duda además de unas irremediables risas! 
 
Biel Rothaar Anexo a este comentario: dadas las ganas de intoxicación y manipulación fraudulenta que percibo en algunos miembros de esta comunidad, aclaro que el término "propiedad" es referida siempre en términos anarquistas en cuanto a la inalienable facultad de ser "propietario de sí mismo" en sentido lockeano y la propiedad material (no en un sentido capitalista liberal) nunca como derecho de uso y abuso siguiendo el principio de derecho romano del jus utendi et abutendi, sino de acuerdo a la crítica proudhoniana de la propiedad sólo en tanto jus utendi, como recíproco e igual derecho para todos de uso y ocupación, no como "apropiación" exclusiva sino como mera "posesión" contingente, y sin el componente hereditario que el propio Proudhon le concedía en su defensa de la familia patriarcal como base estructural de "su" sociedad anarquista condicionada en su idealización en algún momento por la influencia de su biotopo pequeñoburgués y rural.
Biel Rothaar

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Biel Rothaar Luego, aclarado este concepto de coacción Sr. Lesaux, debo volver a denunciar que en el curso de su comentario, vuelve a saltarse usted su autoafirmación de que no comete usted ningún tipo de coacción sobre la libertad individual ajena cuando de nuevo miente con descaro (incumpliendo una vez más, y ya van unas cuantas, el “principio de no agresión”) sosteniendo que he degradado el socialismo “de un modo muy burdo y generalizado”. Está usted cometiendo por ello en esa afirmación de nuevo un fraude deliberado, agrediendo a la verdad de mis comentarios que han sido muy extensos y matizados. En ellos, además, como puede comprobarse no he hecho más que subrayar una y mil veces (para evitar justamente malentendidos y desactivar cualquier género de acusaciones de este tipo), que no tengo nada en contra de la posibilidad anarquista (que conozco bien además en lo práctico) de que un “grupo de afinidad” tienda a desarrollar un modo de vida socialista siempre y cuando se respete la idiosincrasia anarquista (autonomía, libre asociación ajerárquica y rebelión ante toda coacción o dominación social propia o ajena). Mi crítica, en cuanto ideología totalizadora al socialismo libertario o comunismo heterodoxo, se ha sustanciado en cuanto a las amenazas evidentes de dominación introyectiva (Klein) que éstas poseen sobre el conjunto de los individuos cuando ese colectivismo en sus diversas variantes pasa de lo particular a lo universal, pasa de la fase de opción individual al terreno de la dominación ideológica, tratando de ubicar el punto gravitacional central de las decisiones de cada individuo en base a un abstracto “colectivo” y no en base a su autonomía individual y sus necesidades propias. En un siguiente comentario a éste, le reproduciré de nuevo lo que manifesté con claridad a Neira Tino antes de que en su falta de argumentos para abordar el matiz de lo expuesto, en su radicalidad socialista y sus prejuicios anti-individualistas, empezara a incumplir el principio de no agresión y coaccionar el ambiente con todo tipo de agresiones a otra compañera y a mí mismo, lo que hizo insostenible, como en el caso del señor Lavallos, cualquier posibilidad de debate teniendo que proceder a su bloqueo para retornar el ambiente a una situación de no coacción.

Ese fue el alcance y el objeto de mi crítica socialista, lo fue siempre hasta ahora y seguirá siendo siempre así, porque sé bien por experiencia propia que demasiados anarcocolectivistas (en su deriva del pensamiento socialista de lo particular a lo universal como moral colectivizante aplicada de forma general) encuentran tolerable (en una errada equiparación discursiva y metodológica de anarquismo con socialismo decimonónico) que el conjunto de los individuos deben sacrificar su bienestar personal y el desarrollo de su potencia única como este individuo considere oportuno para adecuarse y sacrificarse a los intereses del abstracto colectivo o incluso solamente de su comuna. En este caso, defiendo que estamos degradando la autonomía del individuo anarquista condicionando la expresión de su Único (einzige) mediante un caso de coacción ideológica (incumpliendo así otra vez el principio de no agresión). Como decía en mi artículo, "siendo en este mismo punto donde se empiezan a bifurcar las “autoritarias” dinámicas sociopolíticas de estos tipos de “anarcocolectivismos” —supeditados y homogeneizados por las necesidades comunes del colectivo— de ese inconfundible fluir heterogéneo de la idiosincrasia anarquista propiciado por el desarrollo social anárquico de la “auto-teoría” de cada individuo o grupo de afinidad, precipitándose por contra estos “anarcocolectivismos” a partir de entonces en esa alienante “realidad abstracta” de lo ideológico como señala Jason McQuinn en su crítica post-izquierdista de las ideologías, realidad paralela que atenta contra el mencionado principio de Ryner de no injerencia externa —moral o dogmática— sobre la conciencia individual, al “prescribir” y “limitar” las formas y relaciones en la que los individuos han de concretar esa futura “sociedad anarquista”. 

Esta injerencia sobre la autonomía individual se produce, prescribiendo de forma estructural e ideológica a la manera kropotkiniana el tipo de "sociabilidad" a la que han de obedecer el conjunto de los individuos (vuelvo a insistir una vez más para ver si queda suficientemente claro), cuando el pensamiento socialista pasa de lo particular a lo universal, al ser aplicado al conjunto de los individuos como moral colectivizante, no como libre decisión de cada uno de los individuos o de los "grupos de afinidad", coaccionando así el comportamiento y accionar individual de los individuos. Esta fue la totalidad de mi crítica al socialismo, ¿está usted de acuerdo con ella o le parece tolerable esa “sistematización” del pensamiento socialista extendiéndolo al conjunto de la esfera de todxs los individuos? Precisamente, el trabajo del post-left anarchism que usted ha despreciado e insultado calificándolo de lobby liberal (incumpliendo de nuevo el principio de no agresión mezclando fraudulentamente "individualismo liberal" e "individualismo anarquista"), tiene este propósito como objetivo desde una crítica profunda de toda ideología, con lo que vuelve a quedar usted en otra ocasión más en sonoro ridículo al calificar al post-left como “frente idieológico”. De este modo se precipita usted una vez más a causa de su reactividad a toda crítica del credo socialista (en su forma de moral colectivizante general) en la acción del principio de no agresión en la variante de fraude a las personas en un intento de desviar la verdad mediante engaño. El objeto del emerger histórico del post-left anarchism es pensar (pese a todos esos denodados boicots del anarquismo de los "dinosaurios" enclavados paradójicamente de forma estática y dogmática en la contaminación e igualación de anarquismo al proceder revolucionario de masas del socialismo decimonónico), la “sociabilidad” inherente del anarquismo en relación con la autonomía del individuo y las mecánicas sociales específicas de los “grupos de afinidad”, superior a las mecánicas sociales de las asambleas colectivistas en la que se siguen reproduciendo y tolerando seguidismos y liderazgos sutiles como usted podrá comprobar por sí mismo, y como otros llevamos comprobando ya desde hace muchos años, en el trabajo de campo de las asambleas anarcocolectivistas y las asambleas anarcosindicalistas (no siendo la exposición de mi artículo en esta comunidad más que que una extensión de ese propio trabajo de campo a la esfera digital). 

Por lo tanto como le mencionaba, no hace falta que nos remontemos muy lejos Sr. Lesaux para encontrar ejemplos de coacción al pensamiento individualista desde la esfera colectivista en cualquiera de sus diferentes variantes, ya que en el curso de estos comentarios a mi artículo "¿Por qué soy anarcoindividualista?" tenemos suficientes ejemplos de ello, durante los cuales ha sido necesario bloquear hasta ahora a tres miembros de la comunidad por hacer insostenible ese ambiente de no coacción, a causa de las ofensas, hostigamiento y manipulación fraudulenta que otros compañeros anarcoindividualistas, aparte de yo mismo, hemos sufrido de forma reiterada en una situación que ha rayado el acoso obsesivo, solamente por el hecho de pensar el anarquismo desde la radical autonomía y soberanía del individuo anarquista sin subordinación a ningún colectivo ni moral colectivizante que dicte nuestro comportamiento y accionar en nuestro día a día. Aunque esto no es más que una muestra a pequeña escala del escenario de coacción que han sufrido todos los individuos anarquistas que han defendido mi postura desde los tiempos históricos del regulado y normativizado anarcocomunismo kropotkiniano al ridículo hostigamiento y manipulación torticera del anarcoindividualismo por parte del ingeniero social e ideólogo socialista Bookchin, reduciéndolo a un inoperativo y aburguesado "lifestyle". Pero como hemos comprobado no ha hecho falta irse tan lejos, todo está presente aquí mismo, ante nuestros ojos!! :)

Biel Rothaar Ahora, ya como remate, y como derecho de réplica final para defenderme de su acusación de haber realizado una crítica denigratoria general del socialismo o postura colectivista dentro del anarquismo, vuelvo a difundir Sr. Lesaux el comentario íntegro realizado a Neira Tino, escrito como reacción a su intento de acusar al anarcoindividualismo de ser asocial. 

Este fue el comentario donde expongo mi crítica matizada al pensamiento socialista dentro del anarquismo: "Y ahora Neira, ya después de haber hecho mi esfuerzo por intentar inocularle una "duda" sobre su errada equiparación de toda reflexión individualista al paradigma liberal, creo que voy a adentrarme ahora en esa otra célebre recurrencia anarcocolectivista (al parecer con el monopolio de pensar y defender lo "comunitario" y lo "social"), para intentar defender que, pese a ese citado monopolio socialista de lo "comunitario" y lo "social", la corriente anarcoindividualista, en la defensa radical de la necesidad de la construcción de un individuo autónomo y soberano mediante una toma de consciencia revolucionaria, es justamente la única corriente anarquista que trabaja por una efectiva "sociedad anarquista" en la que todo individuo y toda interacción social entre estos individuos por libre asociación acabe respetando la idiosincrasia anarquista (autonomía, libre asociación ajerárquica y rebelión ante toda coacción o dominación social propia o ajena). Porque le recuerdo que el anarquismo (pese a la contaminación ideológica homogeneizante del socialismo libertario, devenido del revolucionario socialismo decimonónico de masas a modo de contrareacción hipercomunitaria al igualmente intenso e hipertrofiado culto del individuo del "individualismo dominante" del naciente capitalismo liberal), no se rige (y he ahí su fuerza determinante) por ningún programa político o ideológico "direccionador" ni "centralizador" sobre un discurso concreto, sino que es la autoproducción de "orden social" a través de la autoorganización devenida de las libres interacciones entre cada individuo anarquista o "grupos de afinidad" en base al ejercicio autónomo y soberano de la idiosincrasia anarquista cuyos valores le citaba con anterioridad: autonomía, libre asociación ajerárquica y rebelión ante toda coacción o dominación social propia o ajena. Esta mecánica social genera por su parte la instauración social de un "individualismo armónico" siguiendo las claves dadas por Ryner, como una fuerza compleja y autónoma de autocreación de relaciones sociales y de producción en ausencia de dominación ni explotación ajena, y en la que la totalidad de los nodos de esa red social de individuos anarquistas quedan entrelazados bajo la influencia de ese paradigma de la amistad de “Schwarzenbach” que es invocado a partir del antiguo vocablo griego -philia (amistad), término rico en matices y que con amplitud “captura lo que ciertos tipos diferentes de relaciones positivas poseen todas en común”, dinámica cohesionadora que regirá las interrelaciones sociales de la "sociedad anarca", nacida de esa empatía natural de saberse miembro de un mundo de iguales y sin enemigos.


El socialismo libertario, aplicado como modelo general en tanto moral rectora, no es por tanto anarquismo ni conduce a la anarquía, es sólo eso, un programa ideológico más llamado "socialismo libertario" con sus específicas prescripciones estructurales y morales que cuando pretende aplicarse y se "introyecta" (Klein) como ideología totalizadora al conjunto de los individuos no acaba respetando la idiosincrasia anarquista porque introduce una coacción ideológica sobre la auto-teoría y la autonomía de cada individuo. Otra cuestión sería que, dentro de la "sociedad anarquista", un "grupo de afinidad" decidiese libremente fundar una comuna y vivir como Owen bajo unas aceptadas reglas por todos a partir de cierto modelo existencial sin que exista coacción sobre ninguno de sus integrantes. Fíjese qué paradoja: el anarquismo entendido desde la radical autonomía del individuo permitiría en su seno a todas las corrientes del anarquismo, de acuerdo a aquella sentencia de Colson que nos decía que "hay tantos anarquismos como anarquistas", pero no al contrario. Esta paradoja es observada de forma precisa en las corrientes anarcocolectivistas cuando éstas transitan del ámbito de lo singular a lo universal; es decir, desde ese participado "bien común particular" a un abstracto y desparticipado "bien común general", desde esa comuna aceptada por un "grupo de afinidad" concreto a ambicionar "modelar" moralmente toda la Sociedad. En ese instante se desborda el clima de no coacción entre individuos y aparece la coacción que pervierte el temperamento de la "idiosincrasia anarquista", desbordando la soberanía individual en la aplicación práctica sobre el conjunto del tejido social de esa voluntad de algunos individuos sobre la totalidad de las voluntades del resto de individuos, en tanto esa obligatoriedad de regirse bajo las prescripciones estructurales del socialismo ideológico; es decir, bajo la lógica superior de lo colectivo sobre lo individual, bajo el paradigma de la comuna como núcleo existencial "ortodoxo", bajo el rigor de una economía planificada en base a las necesidades comunes (que como sabemos genera una economía de subsistencia porque no tiene en cuenta la potencia creativa máxima de todo individuo que desborda lo "necesario") y bajo el gobierno de esa corrupta lógica asamblearia donde se siguen manteniendo de manera sutil los seguidismos y los liderazgos frente a la horizontalidad radical de los reducidos "grupos de afinidad" entre individuos que se han autoconstruido y se mantienen radicalmente autónomos, no como "ciudadanos" de ningún "sistema totalizador" sino como partículas anárquicas que construyen lo "social" desde la libre interacción con otros individuos o "grupos de afinidad". Esta dinámica social de interacción entre individuos anarquistas radicalmente autónomos y soberanos crea finalmente así, en último término, ese "diferendo" decisivo entre una "sociedad anarquista" que respeta en su totalidad la idiosincrasia anarquista y otra que no lo hace: el diferendo de la heterogeneidad frente a la homogeneidad en la que deviene todo "sistema". La anarquía es heterogeneidad, donde no hay heterogeneidad no hay anarquía, y esa heterogeneidad sólo la puede garantizar un individuo anarquista, soberano (propietario de sí mismo) y autónomo dentro del ámbito plural y multiforme de la idiosincrasia anarquista (connotación que está implícita le recuerdo en el espíritu de la corriente del "anarquismo sin adjetivos"). La anarquía, en resumen, sólo es posible desde el creativo y espontáneo caos interindividual".









Guerau K. Blissett
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