mercredi 1 février 2017

LOS PERROS ANARQUISTAS


Diego Volia, perfecto arquetipo del "perro anarquista" nietzscheano






dedicado al perro falangista Diego Volia (Diego Urioste/Morales de Urioste/Campano), 
perfecto representante del escurridizo y reactivo "perro anarquista" nietzscheano



¡Malditos perros anarquistas! Animales de presa, artistas del camuflaje, inigualables cuando se trata de esconder sus armas e intenciones, cuidate de su veneno, porque travistiendo su resentimiento bajo miles de máscaras seductoras su mejor oficio es engatusarte con guiños calculados, con una medida adulación en el momento oportuno, o la promesa de una rebeldía desenfrenada… envolviendo siempre su desdicha bajo todo tipo de trucos para cautivar finalmente a sus presas. No creas nada de la supuesta virtud de la que hacen gala, solo son asesinos, profesionales de la mentira, deseosos de poseer y consumir individualidades enérgicas mientras escenifican la pantomima de ser copartícipes de una potencia que le es ajena, vulgares opresores carcomidos por el odio a si mismos, sus complejos y sus carencias; una estrella que murió o ya nació muerta, que ha formado alrededor de sí mismo un agujero negro que lo traga todo y que nunca ofrece nada.



Caminan muchas veces cerca de ti, alguna vez enarbolarán el estandarte de esperanzas abstractas y otras veces se presentarán bajo el brillo de profecías revolucionarias, aprende a reconocerlos, a detectar su olor a podredumbre, su rastro de impotencia social, su marca de debilidad, su deambular rencoroso en cuya retorcida sombra jamás se manifiesta el sosiego sino el áspero tormento del infortunio personal. El perro anarquista usa la anarquía como un fin, no como un medio para desatar su potencia, él plantea la anarquía como una causa a la que deben sacrificar sus vidas todo aquél que se considere anarquista; el perro anarquista como no teme perderse por nada, como no se ve capaz de nada, le es fácil tomar esa lucha como su causa y le sirve de medio para ejercer su rol dominante basado en una jerarquía de valores en la que la virtud se mesura con el sacrificio a la causa, así, él, solo necesita presentarse como el que más ha perdido luchando, como el que más ha sacrificado a la causa, obteniendo de ello su posición de superioridad moral, de virtuoso, de autoridad anarquista… en su credo no es raro ver florecer por esta razón las praxis religiosas, ya sea adulando a los “santos” anarquistas de la historia o encendiendo velas a los mártires de la causa.



¡Malditos perros anarquistas! Escoria de resentimiento, maestros de la limosna, ingenuos supersticiosos rousseaunianos, continuadores de la no-vida, invocadores de otros no-yo, promulgadores de nuevos fantasmas stirnerianos, ingenieros de brillantes servilismos en sí mismos y en los demás, en vuestra boca nunca amanecerán independencias pese a ser los mejores trovadores de venideras albas libertarias... meros súbditos de ideas ajenas como seres incapaces de crear ni matizar nada que os sea propio, míseras parturientas de homogeneidades miméticas, moradores de vientres vacíos, vuestro método nunca será el fértil e impredecible caos de miriadas de individuos soberanos ni sus complejas redes de interacción interindividual... vuestra pasión nunca será ni la autoorganización ni la autonomía individual sino por contra, pese a su aparente invocación conceptual, un nuevo dominio sometido a cadenas invisibles en cuyo extremo están los mismos viejos autoritarismos de domesticación con distinta efigie y nuevos autos de fe en felicidades preconcebidas... vuestra apuesta nunca será así lo más claro sino, una vez más, lo más oscuro del ser humano. 



No hay peor esclavo que el que soñó ser amo, no hay peor lobo que aquel que fue humillado por el resto de la manada, no hay peor solitario que aquel condenado a estar solo porque reniega u oculta su verdadero reflejo. El perro anarquista señala todo tipo de opresión pero no lo hace para exigirse luchar contra ellas, liberar sus virtudes de ellas, no, el perro anarquista solo habla de ellas para alimentar su discurso victimista y esconder sus carencias tras sus llantos… Él se muestra como un animal herido, deseoso de atraer a individuos llenos de vitalidad que, sintiendo lástima al verlo así, corren a prestarle ayuda y, luego, son consumidos por el puto perro anarquista.



¡Malditos perros anarquistas! Cavadores de tumbas, vuestro odio nunca reirá, vuestro negocio será siempre la venganza, vuestro mejor intercambio será producto de la beneficiencia y de la caridad, vuestro objetivo será simplemente la mera supervivencia parasitando vuestro entorno porque nada propio puede producir vuestro interior yermo, condenados por siempre a no ser más que rebaño domado o en revuelta, rebaño castigado o rebaño sublevado, refugiados estratégicamente en la comodidad discursiva de la oposición dualista entre el “hombre burgués” y el “hombre proletario” que impide el florecimiento del individuo universal... por ello vuestros labios serán siempre incapaces de pronunciar con emoción “¡Adelante, por la total destrucción de la mentira y de los fantasmas! ¡Adelante, por la integral conquista de la Individualidad y de la Vida!”. 



Cuando vayas al carnaval llamado “movimiento anarquista” no te dejes fascinar por los disfraces, por su habitual espectáculo de águilas soberanas camuflando delicados vasallajes... no te dejes impresionar tampoco por sus majestuosos antifaces retóricos, ni embelesar por los sugestivos versos de libertad individual… no olvides que representan el arte de mentir, no olvides que tras todo ello se esconde muchas veces el perro anarquista y su mera sed de venganza personal alimentada por la energía del resentimiento reactivo que emergió alguna vez en el choque entre lo social y lo animal, aquel choque crucial del que salió perdedor por su naturaleza débil. No olvides nunca que “la iniquidad también se halla en las almas de los que no poseen”, que todo perro anarquista oculta también en su interior como secreto de su comportamiento a un amo anhelado o derrotado a causa de su naturaleza débil, y que en el fondo el núcleo de su deriva anarquista no es más que la conducta reactiva natural de todo vencido o de todo prisionero. El perro anarquista ama por ello el carnaval anarquista, su confusión igualitarista, puesto que allí todos siguen sin hostilidad su comedia, y en esa ausencia de belicosidad interindividual logra poner en marcha con artificio la eficaz representación de poder del amo encubierto que porta en su interior, por ese motivo solo teme al niño, al enfant terrible, que, liberado de la carga de actuar, señala al farsante y su farsa denunciando así su verdadera desnudez, el auténtico reflejo de su cadáver vital y su frustrada ambición de dominación.



¡Malditos perros anarquistas! Nunca seréis capaces de disfrutar la pugna de la realidad humana ni el dolor del sueño suprahumano, nunca seréis “los demonios solitarios sin testigos”... nunca habrá una “nada creadora” en vuestro nihilismo resentido sino una “nada destructora” que bajo el lábaro negro de la destrucción nunca conquistará la Vida, sino que perpetuará bajo diferentes coros la misma Muerte del individuo. Pese a todo, malditos perros, puede que haya que daros las gracias, admiro vuestra obra, el asesinato ¡la muerte del anarquismo! Ahora sé que al único, a MÍ, sólo me queda MI anarquía.





Oberyn Ryner & Biel Rothaar
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